Escrito por Tendenzias

Argel, ciudad literaria

Marcada por su Historia; por sus luchas internas; por su rebeldía y sus enfrentamientos contra la dominación francesa, Argel se levanta fuerte, altiva, luminosa, cerca del desierto del Sahara. Ciudad romana, turca, árabe, bereber, española y últimamente francesa. Ciudad que fue dominio de piratas berberiscos.

Argel, historia de nuestra Historia, que consiguió traer en jaque a las naves de Felipe II, hasta que en la batalla de Lepanto conseguimos levantarnos ante ellos. Allí Cervantes fue apresado. Allí, los demonios de las guerras, o de las guerrillas, o de las batallas sin sentido (o con sentido, según se mire), han sido los que mantuvieron a esta ciudad anclada en la pobreza; apartada por el mundo, por horror, por miedo a los extremismos irracionales.

Pero Argel intenta en los últimos años lavar su cara y mostrarse al mundo, enseñando sus maravillas. Las luchas se apagan, y apartado el dominio de Francia, los argelinos ahora felices de su recuperada “independencia” (entre comillas) intenta levantar su economía y facilitar el turismo local.

El sólo nombre del Magreb ya arranca cierto respeto en nuestra mente, pero al mismo tiempo dibuja colores marrones en nuestros ojos; sabores a especias en nuestros labios, tacto a arena del desierto; sensaciones de calor sofocante adherido a nuestras ropas; sonidos del silencio, rotos por las oraciones al amanecer. Argel, como muchos otros países de la zona, nos ofrece una cultura y un mundo totalmente distinto al que estamos habituados.

La ciudad vieja de Argel se levanta sobre una roca. La kabash, la parte antigua de la ciudad, ofrece una imagen de fortaleza que impresiona. Sólida, imponente, muestra su historia de resistencia en un laberinto de callejas que se pierden entre las pasiones árabes. Desde allí se extendió por todo el país la revolución antifrancesa hace una década. Desde allí, los piratas iniciaban sus aciones vandálicas siglos atrás; desde allí no hace mucho, en 1991, tras unas elecciones conflictivas se lanzaron las nuevas ordas islamistas. Precisamente en esta fortaleza se instaló el pirata Barbarroja. Son siglos de Historia en los muros de su Alcazaba, del siglo XVI, o de la mezquita de Djamaa el-Kebir, del siglo XI.

Pero también tiene una parte más moderna, de grandes avenidas y edificios altos. También en su parte nueva tiene un paseo marítimo y un enorme puerto. Allí podremos vivir el deambular de las gentes locales, y respirar el aire cargado del zoco de Chaat, porque, claro está, como en cualquier país de origen magrebí, no podemos irnos sin visitar su zoco, lugar de encuentros característicos con su cultura y sus tradiciones.

Y si tradicional es su zoco, la zona más comercial es la calle Ben M’hidi Larbi, una larga calle peatonal donde realizar nuestras compras.

El Museo Nacional del Bardo, la Plaza de los Mártires, o realizar una excursión visitando las muchas mezquitas de la ciudad. La Biblioteca Nacional, instalada en un palacio del siglo XI, su catedral de Nuestra Señora de África

Hay mucho para conocer, para recorrer y para admirar. Argel, ciudad literaria, ciudad temida.

LocuraViajes.com

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