Aunque el imparable avance de las urbanizaciones en pos de conseguir acoger al mayor número de turistas posibles ha cambiado en parte la cara de esta localidad, aún es posible encontrar en Albufeira, Portugal, rincones que nos recuerdan al pequeño pueblo de pescadores que era hace tan solo unos años.

Que visitar
ALBUFEIRA: De origen fenicio, este puerto pesquero y mercado rural se ha mantenido activo en el transcurso de los siglos y se ha convertido en una de las grandes estaciones veraniegas meridionales. La calidad del paraje así como la de su arquitectura lo justifican: un anfiteatro, sobre las doradas arenas donde se amarran las barcas, casas blancas y adornadas con flores con las más bellas chimeneas del Algarve, caladas como mallas de encaje. En la ciudad, la iglesia de Misericordia, de bello pórtico manuelino. Pero es lógico que nos interesemos, ante todo, en los miradores, que ofrecen las mejores perspectivas del pueblo: al paisaje de Bem Parede, el bien llamado, se preferirá tal vez el gran panorama descubierto de la terraza situada al Sur del puerto.
LAGO: Del puerto de corsarios y de mercaderes de esclavos sólo quedan, a 50 m esa maravilla de la pequeña ciudad que es la capilla de Santo Antonio. Reconstruida en el siglo XVIII después del terremoto, resplandeciente en sus dorados barrocos, se halla entre los máximos exponentes de este arte en Portugal. De la nave, a la derecha, un corredor lleva al museo de Etnografía de Algarve. Más al Este, en la praça Gil Eanes, centro de animación de la ciudad del siglo XX, estatua moderna del rey Sebastiao. Por el muelle, al comienzo del puerto, visita en barca a las grutas. En la salida Oeste, praia de Dona Ana (perspectiva desde el mirador) y, a 3 km, emplazamiento de una de las maravillas naturales de las costas de Algarve, la Ponta da Piedade, dominada por un faro.





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