Recuerdo que en mi viaje a Suiza, Berna fue la última de las ciudades que elegí visitar. Quizás sea porque quienes viajamos al país alpino, lo hacemos pensando en sus paisajes montañosos y nevados, o en sus tranquilos y azules lagos, y lo que buscamos es Naturaleza en estado puro. Suiza es eso precisamente. Lo más bello de los Alpes: Zermatt y el Cervino, o en el interior, Interlaken o Thun. Incluso Lucerna y sus lagos.
Pero Berna, la capital, la consideraba una ciudad cosmopolita. Más capital que naturaleza. Craso error. Es difícil encontrar algo en Suiza que no tenga su parte de Naturaleza, ni sus lagos o ríos, ni su paisaje de montañas. Además, Berna conserva cierto aire medieval en su centro histórico, que combinado a su modernismo y su ambiente cosmopolita la hace tener un encanto especial.
El casco histórico de Berna fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Quizás su aire actual venga determinado pro aquel incendio del año 1405 que arrasó la ciudad. Hubo de levantarse de nuevo, pero lo hizo con esa precisión suiza tan típica, bajo los dictámenes del arte gótico y con las aguas del río Aare como corazón urbano. Y así, al llegar a ese centro urbano, deseas echar pie a tierra y pasearla tranquilamente recreándote. Son cerca de seis kilómetros de soportales que empiezan en la Marktgasse, su principal zona y que nos lleva a visitar sus famosas once fuentes monumentales.




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2 Comentarios al Artículo: Berna, exquisita capital suiza