Bután, un pequeño reino congelado en el Himalaya.
Bután es una nación demasiado pequeña, y su paisaje, en las laderas y el entorno del Himalaya, hacen que la cultura y estilo de vida del país esté desde siempre ligado a las montañas, y poco enterado de lo que sucede en el resto del mundo. Bután significa Tierra del dragón de truenos, una creencia milenaria que identifica el sonido de los truenos con el rugido de un dragón, pero según las interpretaciones, su nombre se asocia también con la tranquilidad y la serenidad, una especie de Tierra mítica, que décadas atrás atraía a soñadores y exploradores en busca del paraíso perdido, y uno de los últimos rincones intactos del mundo.
Imagen Jmhullot
El reino de Bután está situado en la cordillera oriental del Himalaya, al sur de Asia y del Tíbet. Bután se encuentra exactamente entre India y la región del Tíbet. Sobre una serie de valles montañosos se asienta una cultura milenaria, que actualmente tiene su capital en Punakha. Si bien están emparentados con los tibetanos del norte, en la actualidad, el país se administra independiente, y exhibe algunas maravillas capaces de deslumbrar a los visitantes.
Bután posee un territorio pequeño, pero suficiente para albergar en su interior, picos montañosos que superan los 7.000 metros de altura. El pico más alto, con 7.540 metros, es el Kula Kangri. Hacia la zona de los valles, pequeños poblados tradicionales se asientan en zonas de un clima más benigno y templado. Hacia al sur, al disminuir la altura, el paisaje se vuelve más boscoso, y el clima subtropical, mientras que al norte, las montañas están cubiertas de nieve en forma permanente.
Imagen Marina y Enrique.
La gente de Bután vive explotando sus recursos naturales, y especialmente del cultivo de la tierra, como hace cientos de años asentados en los valles más fértiles. Por ello, en Bután, se conservan intactos un estilo de vida pacífico, en donde se pueden observar sus tradiciones intactas. Desde presenciar una competencia de tiro con arco, el deporte nacional, hasta visitar algunos de sus el monasterio de Takshang, sobre un acantilado a 700 metros por sobre el valle, y a 3120 metros sobre el nivel del mar, es uno de los más impresionantes, aunque lamentablemente, un incendio deterioró bastante su estado, por lo que se encuentra en etapa de restauración.
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Bután tiene gracias a su aislamiento, el mérito de conservar unos de los ecosistemas más intactos del mundo. Desde especies de plantas únicas, hasta bosques y rincones apenas explorados. En algunos de sus parques nacionales, se pueden observar especies extrañas, como los pandas rojos, especialmente en el Parque Nacional Black Mountain. Afortunadamente, la política gubernamental tiene en cuenta la conservación declarando área de reserva hasta un 20 % del territorio nacional.
Aunque el turismo tiene un peso importante en la economía, aún es limitada la infraestructura, y el grado de apertura del país a los visitantes foráneos. Apenas existen caminos y carreteras en mal estado, no hay sistema ferroviario, y el modo más práctico de desplazarse es en avionetas. Además, las restricciones de ingreso al turista son elevadas en regulaciones pero también en cuantoal costo. Conocer Bután, nos sale a razón de unos 200 dólares diarios en impuestos. Un destino desafiante y sin dudar exótico para gente inquieta y aventurera, capaz de animarse a explorar los últimos rincones en estado puro del planeta.
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