Cabo Polonio, resistiendo la civilización
Vaya, que suena un poco exagerado el título, ante la idea de tratar de que mucho de lo malo de la civilización y los avances no lleguen. Pero al menos en Cabo Polonio, sus habitantes intentan alejarse de muchas de las comodidades y vicios modernos para preservar un entorno paisajístico fantástico, y retomar un estilo de vida que rescata en parte lo bueno que dejamos atrás.
Imagen Libertinus
El acercamiento con la naturaleza es más intenso en Cabo Polonio, un paraje un tanto inhóspito en la costa de Uruguay (ver Montevideo), en el departamento de Rocha, en donde no existen calles, porque se prescinde de los coches, ni electricidad, porque nadie necesita de un televisor, ni agua corriente, porque lo mejor es utilizar los pozos de agua de cada casa.
Y si hay un momento para llegar a Cabo Polonio es en el verano austral (entre diciembre y marzo) porque luego, el encanto del clima templado se retira y deja atrás un pueblo que parece fantasma. Cabo Polonio posee una costa con islas y formaciones rocosas, una reserva de lobos marinos, un faro, dunas, y poco más que eso.
Imagen Libertinus
Las casas son rudimentarias, y sin electricidad. Las calles no existen, porque todo se realiza a pie. Tampoco hay luces ni alumbrado público. Para arribar, hay que hacerlo a pie, unos 7 kilómetros entre dunas y bosque, o contratar el transporte hasta cercanías de Cabo Polonio.
Imagen Nanda
El ambiente, es por supuesto bohemio, con casas de noche iluminadas por antorchas. Aunque en años recientes, algunas casas cuentan con el lujo de placas fotovoltaicas que permiten tener un refrigerador, o la señal de telefonía ha inundado el aire del pueblo, la esencia se conserva. Todo, curiosamente a pocos kilómetros (unas dos horas de viaje) de la codiciada y ostentosa Punta del Este.
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