Antes solía ir bastante por Cádiz (ver hoteles en Cádiz). Me pilla a apenas 200 kilómetros y siempre podía acercarme en un fin de semana e incluso en un día. Es curioso, ahora la intento recordar, y lo primero que se me viene a la cabeza es su olor a mar, sus casas blancas, y aquellos riquísimos cartuchitos de pescaítos que luego iba uno comiéndose mientras paseaba por su casco histórico.
Sí, porque Cádiz presume precisamente de esas cosas: de su blanco reluciente, que parece destacar aún más entre el cielo azul y sus aguas atlánticas. Por algo la llaman "la tacita de plata". De su pescado, y es que es algo típico de esta ciudad andaluza el encontrarte las clásicas freidurías que venden cartuchos (de los antiguos, de los de papel recio enrollado como si fuera un cucurucho) lleno de pescaítos variados, o bien de las ricas tortillitas de camarones. Y por último, presume de su Historia. Nada más entrar, podréis ver un cartel que indica que Cádiz tiene 3.000 años de antigüedad y es que su pasado está en los años que los fenicios navegaban por las costas mediterráneas y atlánticas del Sur de España.
Cádiz se une a la península por sólo una lengua de tierra, por donde está, estrechada, la carretera y las vías del tren. Prácticamente es casi una isla de apenas 9 km2 que se levanta blanca, rosa y celeste en medio del mar. Y es esa estructura geológica la que la hace tener un puerto natural envidiable, aparte de sus extensas playas. Playas blancas y muy amplias que eso sí, tiene un agua muy fría. Precisamente, en el litoral gaditano están algunas de las mejores playas de España.




Muchas veces nos deslumbramos con lugares fuera de nuestras fronteras y nos olvidamos de lo que tenemos en casa. Os recomiendo que vengáis a visitar esta provincia en cualquier época del año, seguro que después repetiréis.