El pueblo de Chamonix, de pintorescas casitas alpinas y donde reina el espíritu de los deportes de invierno, tiene el principal atractivo de contar con la cercana e imponente presencia del Mont-Blanc. La montaña, con sus 4.807 metros de altura, es la cima más alta de Europa.

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La ciudad debe su celebridad a la conquista de la cima del Mont-Blanc en 1786, pero su popularidad viene de la organización de los juegos olímpicos de invierno en 1924. A partir de entonces, Chamonix es sinónimo de esquí en invierno y alpinismo en verano. Pero las opciones son muchas y para todos los gustos: ciclismo, trekking, parapente, o simplemente disfrutar de la naturaleza. La zona es ideal para visitar en todas las estaciones.

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Para llegar a Chamonix en avión hay que ir hasta el aeropuerto de Ginebra en Suiza, a 100 kilómetros. Si bien la ciudad está del lado francés, a sólo unos kilómetros nos encontramos con la frontera italiana y la suiza. También hay una estación de trenes que tiene conexión con la ciudad de Lyon y, desde allí, con el resto de Francia.

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Se puede hacer una visita al Mont-Blanc con el tren de Montenvers que recorre en unos cortos pero intensos 20 minutos el corazón de la montaña. Este tren alpino también nos llevará al Mar de Hielo, enorme y famoso glaciar.

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Por último, la ciudad cuenta con pubs y restaurantes para terminar la jornada disfrutando de alguna de las especialidades de la región. La influencia de la cocina de Saboya está siempre presente en los platos alpinos dándoles una particularidad muy especial. También hay una fuerte presencia de la comida italiana y de tendencias internacionales (por ser un lugar de presencia turística tan fuerte).



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5 Comentarios al Artículo: Chamonix: a los pies del Mont-Blanc