Llega el Otoño y el bosque se llena de colores pardos, de marrones nostálgicos que cubren la tierra de olores a viejas leyendas. Las peñas aúllan en un canto natural; la hojarasca cruje a nuestro pies con un grito de lamento y una brisa ligera silba entre árbol y árbol, desmadejada, perdida, buscando la salida, asustada. Lleva en su capa esa brisa un susurro, alegre y refrescante, mientras a su paso va dejando en aquel valle estrecho y alargado, las mágicas imagenes del paso del tiempo. Levanta la bruma, y bajo ella, aparece un lugar encantado; un cuento hecho realidad, de gnomos, de hadas, y duendes, de historias de niños que te inundan el corazón de color. Es el bosque de Oma.
El Bosque de Oma. Naturaleza hecha arte. Arte dando vida a la Naturaleza. Pinos pintados de las más diversas formas y colores que se extienden ante nuestros ojos, en el entorno de la ría de Gernika, no muy lejos de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, entre caseríos de madera y piedra que forman la foto perfecta de armonía, de tranquilidad, de silencio absoluto que riega nuestros sentidos.



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