Uno de los ejercicios más saludables que puede hacer el turista cuando viaje a cualquier parte es salirse de las visitas programadas. Aunque no debemos perdernos los atractivos más famosos de cada destino, muchas veces, escondidos tras ellos, podemos encontrar autenticas maravillas a la espera de ser descubiertas por el gran público.
Para muchos Rumania se reduce en el ámbito turístico a su personaje más famoso: Drácula. Siendo ya de por si un país poco conocido para la mayor parte de los turistas españoles, todo lo que se sale de las distintas rutas montadas alrededor del abyecto Conde, entra de lleno en el terreno de lo desconocido. Y, sin embargo, como suele suceder en todas partes, Rumania cuenta con rincones sorprendentes, tanto natural como artísticamente.
Dentro de los destinos más escondidos quizás el más sorprendente se encuentre en el llamado País de los Motis. Ni siquiera entre los propios rumanos esta región goza de muchos visitantes, ya que sus comunicaciones no son demasiado buenas.
Este es el principal problema que tiene la región para poder atraer las visitas que merece, se encuentra en sus comunicaciones. Situada en plenos Montes Apuseni, la red de carretera es bastante deficiente, llena de pequeñas vías de montaña en las que difícilmente se superan los 50 Km. por hora. Por otra parte, la eficiente red ferroviaria del país tiene en esta región un borrón importante, ya que ninguna de sus localidades cuenta con conexión por tren.
La mejor manera de llegar es combinar cualquier tren que llegue a Alba Iulia, ultima ciudad de importancia antes de llegar a los Apuseni y, allí, coger alguno de los autobuses que se dirigen al interior de las montañas. Una vez hecho esto, paciencia. El transporte es lento, con varias paradas en cada pueblo (hecho sorprendente, ya que muchos de ellos no son más que varias casas agrupadas) y en ocasiones con el vehículo lleno hasta los topes, ya que siguen admitiendo viajeros hasta que, literalmente, estos corren peligro de caer por la puerta.
De todas maneras (siempre hay que sacar algo positivo) este trayecto nos da la oportunidad de hacer un cursillo intensivo sobre las particularidades de la región. Se trata de una zona muy rural, con infinidad de pequeños pueblos entre las montañas y con un estilo de vida que nos retrotrae al de las aldeas más aisladas de la España de hace 30 años. Así, es muy normal que el autobús se vea abarrotado de repente por multitud de mujeres de todas las edades, con su pañuelo en la cabeza y su cesta de la compra, que se trasladan a otra localidad para ir al mercado. Este suele ser itinerante, desplazándose entre las villas de la zona.






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