El Teatro de la Opera en Viena
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El Teatro de la Opera en Viena

Viena rebosa lujo y exquisitez allá donde se mire. Es una ciudad elegante, culta, propia más del siglo XIX que de los siglos en los que nos movemos. En muchas de sus calles rezuma aún ese fasto imperial de la época de Francisco José I o de Sissy.

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No tenemos más que cerrar los ojos y recordar muchas de las películas basadas en aquellos años para hacernos una idea de lo que es la Viena actual .

El teatro de la Ópera de Viena es uno de los símbolos de aquella Viena imperial. Lujo y esplendor desde el primer escalón que nos sube hasta el vestíbulo. Sólo llegar a la Ringstrasse y situarte frente a su pórtico ya es algo impresionante, con esas magníficas cinco estatuas de bronce, obra de Julius Hähnel, representativas del heroísmo, la fantasía, el humor, el drama y el amor.

El teatro de la Ópera de Viena, de estilo neorenacentista, fue construido por los arquitectos Sicadsburg y van der Nüll, y se inauguró el 25 de mayo de 1869 con la obra de Mozart, don Giovanni. Años más tarde, y a pesar del rechazo de los vieneses al estilo con que se había construido, cuando una bomba destruyó casi completamente el Teatro durante la Segunda Guerra Mundial, el 12 de marzo de 1945, se tomó el ataque como una afrenta personal y el pesar acompañó al fin al reconocimiento de una gran obra, símbolo de Viena.

La reconstrucción fue casi completa, y se dotó al Teatro de la Ópera de Viena de un escenario y un auditorio equipado con la más avanzada tecnología de la época. Su reapertura se produjo el 5 de noviembre de 1955 y para tan gran momento se interpretó la obra Fidelio, de Beethoven.

Una vez que franqueamos las puertas de entradas nos encontramos ante unas magníficas escalinatas; unas escaleras de mármol adornadas con esculturas de Gasser, representativas de las siete artes, y relieves de ballet y ópera. Esta gran escalinata nos conduce al impresionante vestíbulo, conocido como el Vestíbulo Schwind, pues fue el pintor que lo decoró. en la sala destacana los bustos de grandes compositores y directores, como el de Gustav Mahler hecho por Rodin en el año 1909.

Un poco más arriba hay una sala privada, el salón de té, donde Francisco José y sus más allegados tenían un rato de ocio en los entreactos. En ella aún se mantienen las sedas con las iniciales del gran emperador.

El auditorio es sencillamente impresionante, pero como curiosidad, mencionaros que aún hoy día, allí se celebra el baile de la Ópera de Viena, el último jueves de Carnaval, todo un acontecimiento social para personas de la alta sociedad. Las damas han de ir vestidas de blanco, y entran del brazo de sus respectivos acompañante entre los compases de música clásica, como en aquellos antiguos bailes de época. Para poder celebrar este baile, los asientos del auditorio se cubren y así se gana el espacio suficiente como para convertirlo en un salón de baile.

Opera de Viena

Fotos obtenidas via Flickr

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