India: Mi gran casamiento hindú
Fue en Udaipur, la ciudad de las bodas. Una perla en el medio del Rajasthan, donde uno puede enamorarse y hasta ser partícipe de un típico casamiento hindú. (ver hoteles en la India)
El Lake Palace en el medio del lago Pichola, en Udaipur.
Imagen: Leticia Brea
Viajando desde Delhi, capital de India, y ciudad de locura que se encarga de impactarnos ni bien uno pisa suelo indio; penetramos en la provincia del Rajasthan : la primera que hay que visitar si nunca antes estuvo en India. Es el lugar donde la historia quedó detenida, donde se aprecian los olores, sabores y colores tan atractivos de éste emocionante país. Y después de marearnos un poco por las ciudades repletas de vacas, monos, elefantes, camellos, alucinantes templos, mujeres de coloridas vestimentas y hombres con vistosos turbantes …no viene nada mal aterrizar en Udaipur.
La romántica ciudad sorprende por su limpieza y por ser la menos caótica de la región. Allí uno puede tomarse un necesario descanso en una de las terrazas que dan al lago mientras admira el Lake Palace, antiguo palacio de verano del Maharajá construido en el medio del lago al cual se llega en barca (hoy convertido en hotel). Es imposible no enamorarse en este lugar donde los atardeceres son dorados y rosados. Pero en India antes de enamorarse hay que casarse…
La novia en el momento en que es esposada.
Imagen: Leticia Brea
La costumbre hindú indica que los futuros esposos deben ser elegidos por los propios padres y a veces sin siquiera conocerse las caras son unidos en matrimonio. Casi todas las semanas en Udaipur es posible encontrarse en medio del festejo previo a una boda. Así lo vivimos cuando en la calle misma, la familia de la novia bailaba feliz porque su pequeña de 21 añitos ya tenía prometido. Sus padres habían pagado la antigua dote para ubicar a su hija en una buena familia. Ella aguardaba nerviosa dentro de la casa donde nadie más que mujeres podrían verla, y sus seis hermanas pintaban sus manos y pies con dibujos de gena que quedarían tatuados temporariamente para los días de la boda.
El novio, junto a su familia, espera al cura que lo casará.
Imagen: Leticia Brea
El día de la ceremonia está prohibido bailar y ella debe permanecer encerrada en una especie de tienda esperando a su futuro marido. Recién a las doce llega el novio a caballo, junto a los suyos, con su cara tapada con una especie de guirnaldas. En un escenario, el cura le da la bendición y le destapa la cara, mientras la novia sigue encerrada. El religioso ingresa en la carpa, la bendice y tapa su cara con las mismas guirnaldas. Nunca llegan a mirarse en público. Están convencidos que sus padres, las personas que más los aman, eligen lo mejor para ellos.
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