Korçula: un rincón del Adriático
Croacia, ese bello país con un pasado histórico tan rico y unas ciudades impregnadas de una belleza monumental fuera de lo común. Croacia, devastada por la guerra; sangrante aún de las heridas de sus luchas internas. Croacia, un país que levanta su cabeza, altiva, reclamando lo que por derecho propio le pertenece: ser reconocido como uno de los destinos turísticos más bellos de toda Europa.
Cuando pensamos en Croacia automáticamente pensamos en Dubrovnik, la conocida como Perla del Adriático. Una ciudad exquisita, de intenso sabor medieval, suave en sus sonidos y tersa en sus imagenes; un lugar digno para relajarse y pasear sin tiempo ni lugar.
Pero Croacia no es sólo Dubrovnik; tiene rincones bellísimos; lugares dignos de visitar y ser recordados en nuestra memoria para siempre. Desde ciudades antiguas con un gran valor arquitectónico como Split, Osijek o Zadar, hasta Parques Naturales como el de Plitvice del que tan estupendas imagenes pudimos ofreceros en otro artículo, hasta islas salpicadas por todo el Adriático a cual más bella que la anterior.
Y una de estas islas es la de Korçula, al sur de la región de Dalmacia. La isla más verde y virgen de todo el Adriático. Un lugar adonde se acude para estar en la intimidad; sin estrés, sin presiones ni agobios; simplemente para pasear por sus callejas de estilo veneciano. Pensar en su capital del mismo nombre, Korçula, es imaginar a Dubrovnik pero en pequeñito; más recogido e íntimo. Una pequeña villa de apenas 4.000 habitantes que parece haberse quedado anclada en el pasado. Un lugar en el que podremos imaginar sin problemas cómo fue aquélla época en que el Mediterráneo y el Adriático eran el centro del comercio a Oriente.
Históricamente, esta ciudad fundada por Antenor, uno de los héroes de aquella famosa historia de Troya, la isla estuvo ocupada primero por griegos y luego por los romanos. Y es que sus verdes bosques, donde se alternan pinares y valles así como sus apartadas y solitarias calas marítimas, han proporcionado siempre a sus habitantes un remanso de paz.
La ciudad está rodeada por una muralla de piedra con almenas en sus esquinas. Cuando desembarcas y pones pie en tierra, te encuentras con casas de estilo gótico, con pequeños palacios y todo circundado por callejuelas estrechas y empedradas al más clásico estilo veneciano. Es como haber parado en el mismísimo corazón de Venecia (sin canales eso sí).
En el centro de la ciudad, dominándola, se encuentra la Catedral de San Marcos de estilos románico, gótico y renacentista que presume de tener en su interior algunos frescos de Tintoretto. Enfrente se alza el bello edificio del Ayuntamiento. Tampoco hay que dejar de visitar la Iglesia de Todos los Santos de estilo renacentista y con un bellísimo altar barroco.
Pero si hay algo del o que presumen los habitantes de Korçula es de su relación con Marco Polo. Dicen que nació en esta isla, y que en ella vivió durante años. Su casa aún se puede visitar y las vistas desde la torre del palacete son magníficas. Además, fue en Korçula donde lo apresaron antes de llevarlo a Génova.
Son muchas las relaciones que tiene esta isla con Venecia y su estilo, que además se ve alimentado por sus tradiciones y fiestas. La Moreska o danza de los sables se importó aquí desde España y viene a ser como una representación de la lucha entre moros y cristianos. Se celebra en Korçula el día 29 de septiembre, día de San Teodoro, patrón de la ciudad, y en ella, el Rey Blanco ha de enfrentarse al Negro dentro de un círculo que forman los seguidores de ambos bandos. Desde las torres de la ciudad, como si se tratara de una lucha medieval, suenan las enormes trompas anunciando el combate y entonces, comienza la fiesta…
Para finalizar la escapada, nada mejor que buscar y encontrar la Lumbarda, una fina playa de arena a la que sólo se llega desde el mar y que nos servirá para reposar e iniciar un nuevo recorrido por algún otro punto de Croacia.
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