La Mezquita Azul, un baño de luz

Publicado por joaquinmon | September 1, 2007 4:28 pm 11 comentarios

Frente a Santa Sofía, en el entorno privilegiado de Sultanahmed, se levanta la mezquita más elegante de todo Estambul (Ver hoteles en Estambul). Tapada por la fama de su vecina, muchas veces esta edificación no recibe los parabienes que merece, pero, sin duda, se trata de uno de los lugares que todo el mundo debería ver alguna vez en la vida.

 

Llamada en realidad Mezquita del Sultán Ahmed, en honor del Sultán que la mando construir, Ahmed I (1603-1617). Este deseaba construir una gran mezquita y puso sus ojos en unos terrenos próximos al Palacio de Topkapi. Según cuentan pago este terreno a precio de oro, un terreno desde el que se podía contemplar el mar.

El constructor de la mezquita fue un alumno del arquitecto más prestigioso de todo el Imperio Otomano, Minar Sinan. Mehmet Aga, que así se llamaba el responsable de la construcción, tardo siete años en construirla, de 1609 a 1616.

El exterior de la mezquita posee unos enormes jardines, por donde se pueden ver pasear a las familias estambulies los días festivos. Varias edificaciones menores la rodean, dando fe del complejo que el Sultán mandó construir: una escuela coránica, un asilo, un centro comercial de artesanía, un “kervansaray”, alojamiento para camellos, una fuente y un “külliye”, complejo socio-religioso.

Seis minaretes coronan la mezquita, que tiene una estructura que la convierte en la más elegante de la ciudad. Las cuatro galerías del pórtico están cubiertas por 30 cúpulas que se apoyan sobre 26 columnas de mármol, granito y porfirio,

Pero lo mejor es su interior. Cuando penetramos en ella, como manda la tradición islámica, sin zapatos, lo primero que sentimos es la gran alfombra que cubre todo el espacio de la mezquita. Su limpieza es exhaustiva, ya que casi en todos los momentos podemos ver a un encargado limpiándola una y otra vez.

Luego nuestra vista se levanta hacia los cielos, hacia el techo de la mezquita, hacia la cúpula central. Y, por último notamos algo que nos rodea, una luz con una tonalidad azul, muy suave. 260 ventanales, que se alinean en cinco niveles permiten una filtración de la luz irrepetible, reflejando la luz en los 21.043 azulejos usados en su construcción, de color azul. De ahí el nombre que se le da a esta mezquita.

Como consejo práctico recomendaría a los que visitan la ciudad que vayan a la Mezquita Azul después de comer. La gran cantidad de visitantes que hay por la mañana, momento en el que los grandes grupos acuden, hace que la sensación sea menos intensa. Sin embargo, a horas más tardías se puede tener la suerte de verla casi en soledad, solo interrumpidos por el rezo de los que allí acuden.

La Mezquita es de entrada libre, salvo en las horas de la oración, en las que no se permite la entrada a los no musulmanes. Eso si, al salir se puede depositar un donativo, que se dedica al mantenimiento de esta maravilla

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