En el camino que conduce de Barcelona (Ver hoteles en Barcelona) a Vic, y de ahí a Olot, nos encontramos con las vertientes de Collsacabra, un lugar rocoso, una meseta en la que destacan las cuatro montañas casi iguales que le dan forma a estos parajes, pero que al mismo tiempo adquieren las tonalidades verdes de las aguas que por ella circulan.
Las huellas del románico han dejado allí joyas como San Pere de Caserres, de una gran belleza natural. Pero hay en la zona muchas otras joyas naturales como Cantonigrós, donde las pozas adquieren formas extrañas con aguas que provienen del arroyo de Les Gorgues. O el salto de Sallent, una impresionante cola de caballo que cae hasta las mismisimas entrañas de la Tierra. Y pueblos de una gran belleza, con un extraño sabor a antigüo como Rupit o Tavertet.
Pero si hay algo que destaca en Collsacabra son sus miradores a los abismos. Porque de abismos se pueden hablar cuando nos referimos a esos tremendos precipios que parecen no tener fin. Recorrer estos miradores es el verdadero objetivo de los muchos senderistas que se adentran en esta zona.
Tres son las rutas principales:
- Las Cimas de Cabrera:
Esta primera ruta aúna varios miradores de unas vistas impresionantes. Alrededor del santuario de Santa María se abre el primer mirador que abarca desde los Pirineos hasta el Montseny. Desde allí, camino al desvío que conduce a Rupit, cruzamos por un peñasco donde antaño había un castillo que dominaba todo el valle. Pero es nuestro objetivo final llegar hasta el santuario de El Far; un lugar de alturas tremendas y de panorámicas capaces de quitar el aliento. Quietos allí, en aquellas cimas, podremos alcanzar a ver Gerona y el mar.




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