Luxemburgo: un bello descubrimiento en el centro de Europa

Hay lugares en el mundo a los que vas con escasas referencias, con la idea prefijada de que no encontrarás nada especial y, sin embargo, cuando llegas, te encuentras con una ciudad encantadora. Eso me ocurrió con Luxemburgo. La visité en una pequeña escapada de un día desde Bélgica. Hoy día, me alegro de haberla visitado, pues tras Brujas, fue la ciudad que más me cautivó.
Es una ciudad realmente bella. A poca distancia en tren de Bruselas (apenas 3 horas), la puedes visitar y disfrutarla en un solo día. Y es por las ventanillas del tren, apenas una hora antes de llegar a la Gare Central, la estación, cuando empiezas a descubrir que la elección fue un acierto, pues vas dejando atrás las llanuras belgas para introducirte en unos paisajes muchos más frescos y montañosos, dibujados por el macizo montañoso de las Árdenas, y el curso del río Mosela.
La entrada a pie a Luxemburgo, capital del Gran Ducado, desde la estación, es espectacular, pues hay que atravesar un altísimo viaducto desde el que divisamos unas inmejorables vistas del centro de la ciudad, que se levanta imponente sobre una gran masa rocosa, y por otro lado, del río Petrussa y todos los bellísimos jardines que rodean el casco histórico. Nuestra primera visita será la Catedral de Notre Dame, una preciosa iglesia de estilo barroco construida a principios del siglo XVII.. Desde allí, nos adentraremos al centro por la Rue Phillipe en busca de la Place d’Armes, la principal de la ciudad, donde podremos disfrutar de la gastronomía típica del país en uno de sus muchos restaurantes. Junto a esta plaza se encuentra la de Guillermo II, donde está el Ayuntamiento de la ciudad, precedido por dos preciosos leones de bronce. Frente por frente a la plaza, el Palacio Granducal… y así, disfrutando de un agradable paseo por las callejas medievales, nos dirigimos al punto neurálgico y más turístico de la ciudad: la Chemin de la Cornise, un espectacular paseo excavado al borde del tajo del río Alzette. Para llegar aquí hemos ido ascendiendo por las callejas, de modo que ahora la ciudad queda en dos planos. A nuestros pies se extiende parte de la ciudad, con sus jardines, y el rio dibujando sus curvas entre las casas típicas alpinas. En la parte más alta se sitúa la antigua fortificación española que dominaba la ciudad. Justo bajo esta fortificación se encuentra el conocido “Le Bock”, un espolón rocoso excavado, y lleno de laberintos con aposentos y miradores, desde los que en su día se protegía a la ciudad. Dentro, en alguno de esos ventanucos aún se mantienen algunos de aquellos cañones. Y ya, para finalizar, mientras esperamos la hora del regreso a la estación, donde nos aguarda el tren de vuelta a Bruselas, nos quedan los bellos jardines que rodean el casco histórico. Apenas el ruido de los pájaros, del agua, o de las bicicletas que pasan por los muchos caminos que tienen habilitados en este inmenso parque para este deporte, es lo único que puede alterar el relax y el sosiego de una ciudad inigualable. Una ciudad hecha para descansar.
No dejéis de visitar Luxemburgo si os encontráis en esta zona. Paseadla, relajaos y… disfrutad.
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Comentarios al artículo
1
Fecha: October 22, 2007 at 8:03 pm
[...] sorpresas que a veces ocurren y que se encuentran por casualidad. Ya me pasó y os lo conté en Luxemburgo, una ciudad de la que no me esperaba el encanto que me ofreció. Y en mi viaje a Austria me pasó [...]
2
Fecha: December 30, 2007 at 6:39 pm
[...] territorio neutral, tanto alineados como no alineados. Fue una decisión tomada en julio de 1946 en Luxemburgo en la primera reunión que había tenido la FIFA después de la guerra. Se acordó que aquel [...]
3
Fecha: August 1, 2008 at 2:51 am
creo que luxemburgo es hermozo










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