Viajar por el resto de nuestras vidas, ¿no suena como un sueño hecho realidad? Pues excepto que guardéis unos cuantos billones en el banco esto puede volverse menos idílico de lo que pensáis. Hoy os cuento un poco cómo es la vida de una viajera “full time” que sigue en el ruedo aunque sueña con una estabilidad muy difícil de alcanzar.
Cada decisión de vida implica ciertos sacrificios y ciertas imposiciones. Si eliges ser futbolista deberás entrenar seguido, mientras que si prefieres ser médico seguro te esperen largas horas en un hospital. Pues yo sabía muy bien cómo era la situación cuando elegí (o me pasó) esto de ser viajera.
¿A qué me refiero? Pues nunca más tener una biblioteca, vivir con un par de jeans y aprender a armar y desarmar la mochila bien rápido; horas y horas usadas en busca de vuelos baratos y descuentos para alojamiento, aprender a hacer que todo lo que poseo en el mundo entre en una mochila, aprender a tener que vivir sin agua caliente, o aburrirse por horas en aeropuertos y estaciones de tren, mientras que en cada destino donde decido pasar más tiempo tengo que comprar una sartén.
Seguro estáis pensando que son pocas cosas, detalles de un estilo de vida lleno de aventura y maravillas. Pero, ¿os habéis preguntado alguna vez cómo sería vuestra vida con un par de medias y 3 camisetas? ¿Cómo sería pasar de alquiler en alquiler, de cultural en cultura, siempre un poco perdido, un poco desorientado?
Y como viajera eso es lo que más me fascina, la adrenalina de no saber qué me espera. Pero cada vez es más difícil (o simplemente me impongo desafío más complicados) y esa constante inestabilidad, que es compañera cercana de quien se mueve por el mundo con los vientos que corren.
Pero es una dualidad, esa necesidad constante de inestabilidad (porque es adrenalina) y de estabilidad (de saber donde uno está y qué está haciendo y qué hará luego), es una especie de tortura para quienes aman viajar. Quizás el problema mayor es una cuestión de dinero, supongo que no me molestaría no saber a dónde estaré mañana si no tengo que preocuparme por el trabajo ¿no? En mi propia experiencia he logrado encontrar un balance que satisface ambas partes de mi personalidad viajera: un destino, un año (o dos). Un lugar completamente nuevo, donde todo lo desconocido se hace evidente será mi hogar por un período de tiempo largo, por lo que en cierta medida tengo la estabilidad de un lugar donde vivir, amigos que con el tiempo uno va haciendo, quizás un trabajo y cierta vida normal (para mi aún llena de aventuras aunque a ojos de otros mundana y ¡hasta aburrida!).
Os cuento todo esto porque hace un año que vivo en Laos (¿sabéis donde está este bonito país?), pues aquí llegué como caracol cargando todo lo que poseo y me asenté un poco y me acomodé y sé que no viviré aquí por el resto de mi vida, pero intento de algún modo conectar lo nuevo y desconocido, al sorpresa de una cultura rica y diferente, con la comodidad y estabilidad de tener mi trabajo, casa y amigos.
Pero, ¿cómo hacer para mantener este ritmo por siempre? ¿Llegará un punto en el que querré quedarme en un lugar? ¿Y si uno nunca encuentra ese lugar? ¿Si uno como viajero nunca está satisfecho estático, mismo luego de un año o dos?
¿Habéis pasado por experiencias de este tipo? ¿Sentisteis alguna vez esa urgencia de viajar, no como escapismo sino como forma de vida? ¡Comparte con nosotros tus experiencias y pensamientos!
Otras reflexiones sobre viajeros y sobre los viajes como estilo de vida:
Imágenes: todas las imágenes en este artículo pertenecen a la autora. ¡Si quieres compartirlas por favor cita mi nombre y este artículo!