Viajar, y descubrir destinos nuevos, es una de las actividades más estimulantes. Por ello, un viaje a Nueva Caledonia, el archipiélago de Melanesia, será sin dudas reconfortante.
Imagen Imaxandco
Situada al sudoeste del Pacífico y a sólo 500 kilómetros al este de Australia, las islas de Nueva Caledonia fueron descubiertas por los europeos en el siglo XVIII y fueron bautizadas en honor a las Tierras Altas de Escocia, de donde proviene el vocablo Caledonia.
La colonización, llegó de la mano de la explotación y comercialización de nativos, un proceso que hizo un gran daño a las costumbres y tradiciones locales. Convertida en posesión francesa desde 1853, el territorio se compone de una isla principal y otras pequeñas alrededor, un paisaje que se parece en mucho a un paraíso, y con clima tropical para variar.
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Nueva Caledonia posee un paisaje de costa y una naturaleza conservada de modo envidiable, con ecosistemas únicos y especies endémicas. Los paisajes que predominan van desde un bosque lluvioso, a un bosque seco en la parte occidental, con áreas de mucho verde aprovechadas especialmente para el turismo.
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Un viaje al archipiélago nos permite disfrutar de la cultura local, los canacos, junto a los sitios y servicios bajo fuerte influencia francesa. Existen numeroso restaurantes galos, pero además cocina vietnamita y polinesia. Además, en ciudades como Nouméa, hay una amplia infraestructura de entretenimiento. Nouméa es la capital de la isla y el principal puerto, en el extremo sur. A pesar de sus pocos habitantes (unos 100.000), posee un ambiente cosmopolita con numerosos hoteles y servicios. En las afueras de la ciudad, por ejemplo, se puede visitar el Centro Cultural Tjibaou, un homenaje a la cultura de los canacos.
Las playas, y las actividades al aire libre son el plato fuerte de Nueva Caledonia. Pero son sumamente recomendables las artesanías locales, ofrecidas en tiendas y ferias donde abundan las maderas talladas, collares de conchas y nácar, además de las prendas de vestir típicas. Un viaje a las islas, permitirá conocer literalmente un mundo perdido, que por tan remoto, se conservó único a pesar de los conflictos culturales que aún perduran tras la colonización.



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