La ciudad de Phnom Penh, capital de Camboya, es una ciudad que hereda por sus conflictos pasados y por su imagen, una fama de urbe caótica. Es la puerta de entrada al país, y un buen modo de introducirse a la realidad y modo de vida muchas veces rudimentario de la población. Pero afortunadamente, todo tiende a cambiar y aparentemente para bien. Phnom Penh realiza esfuerzos notables por volverse más amable al turista, y los resultados comienzan a rendir los primeros beneficios.
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Situada en la confluencia de los ríos Mekong y Tonle Sap, la ciudad solía ser un choque abrupto para aquellos turistas desprevenidos que no estaban alertado de la deficiente infraestructura y la pobreza que es visible por toda la ciudad. Phnom Penh intenta mejorar rápidamente el estado caótico de sus calles y la imagen de abandono y suciedad que suele presentarse por toda la ciudad. Por ello, la transformación a nivel urbanístico y arquitectónico, intenta revertir la situación para convertirse en una capital que al menos en las formas, se parezca a una ciudad desarrollada.
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Phnom Penh preserva zonas con una influencia marcada por el pasado colonial francés, con edificios y bulevares que se cuentan entre las zonas con mayor encanto. El más famoso de ellos, Sisowath Quay, conocido como Riverside, junto al río con numerosos cafés y restaurantes. Además, numerosos museos y edificios gubernamentales ofrecen los panoramas más representativos de la arquitectura típica de la ciudad y el país. Se puede visitar el Palacio Real, las magníficas pagodas, templos como el Wat Phnom, o el Museo Nacional, justo enfrente del Palacio Real, con una muy completa colección de arte de Camboya.
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El resto de la ciudad comienza a mejorar lentamente, con parámetros que podrían resultar impensados para el estándar del mundo desarrollado: las calles comienzan a estar asfaltadas, la basura es recolectada con mayor frecuencia y los interrupciones del servicio eléctrico son más esporádicas.
Aún así, la mendicidad, los niños de la calle, y la pobreza extrema, continúa por supuesto siendo parte del paisaje urbano, en una sociedad que está lejos de revertir la extrema desigualdad. Con todo lo bueno y lo malo, un viaje a Phnom Penh nos meterá de lleno en un país que, devastado por los conflictos recientes, intenta salir a flote, y sobre todo, volverse más apacible para turistas y residentes.



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