Existe una ciudad en donde la gente piensa a la hora de vestirse en combinar la ropa de acuerdo a un día nublado. Puede que suene exagerado, pero la gente de Portland, en Oregon, Estados Unidos, tiene fama de ser muy cuidada en los detalles. Y es que la ciudad, está reconocida a nivel mundial por su aprecio por el arte, las actividades culturales, el diseño y la creatividad en su máxima expresión.
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Portland se encuentra al noroeste de Estados Unidos, y es una vistosa ciudad junto al río Columbia y el Willamette. El paisaje de Portland está invadido en cada ángulo por la imagen cónica del Monte Hood, con su pico nevado. Pero lo que la destaca, y por algún motivo relacionado con el perfil de la ciudad, es el alto porcentaje de creativos que posee la ciudad. La imaginación en Portland es un bien de consumo. Para ejemplos, basta saber que el genial Matt Groening pasó su infancia en la ciudad, lugar donde se cree están inspirados Los Simpsons.
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Por supuesto que un sólo genio creativo no hace una regla. Por ello, la ciudad está inundada de lugares y sitios que intentan fomentar el buen gusto, la elegancia y el diseño hasta el mínimo detalle. La ciudad es el paraíso de los creativos. Por ejemplo, en su reciente edición, el New York Times le dedica a la ciudad una extenso artículo a la ciudad, en donde resalta sus cualidades. Las actividades comunes en Portland incluyen por ejemplo, un noche de cada mes (el primer jueves) donde las Galerías de arte permanecen abiertas para las visitas y las compras.
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En Portland, todo parece ser funcional y elegante. Las calles están llenas de museos, que en algunos casos hasta parecen extraños. El ambiente en general, es el de una ciudad cuyos habitantes hacen culto del pragmatismo, al vivir bien y disfrutar de la comida, la bebida (Portland es famosa por su producción de cervezas de calidad), las actividades culturales, y la vida al aire libre y entre amigos. Portland, es en definitiva una ciudad que hace culto al buen vivir en donde todo debe ser simple y funcional. La premisa del buen vivir, por caso, es algo que se respira en sus calles y que sus habitantes disfrutan al compartir con las visitas.