Praga, musica en tus oidos
Musica en tus oidos, belleza en tus ojos, tranquilidad en tu corazón. Así es Praga. Nostálgica, sosegada, vetusta pero exquisita, misteriosa pero sorprendente. Una de las ciudades más bellas que puedan visitarse. Y eso, seguramente, lo afirmará todo aquel que haya estado alguna vez en la capital de la República Checa.

Puente de San Carlos
Será difícil expresar en unas pocas líneas, en un sólo artículo, tantas impresiones como se sacan de Praga, ni resumir tantos rincones que hay que visitar.
Hay un lugar de referencia en Praga (ver hoteles en Praga), para los turistas y para los mismos del lugar, pues la ciudad histórica se encuentra dividida por este sitio: el Puente de San Carlos. Una auténtica obra de arte que refleja la vida bohemia de la ciudad. La tristeza escondida en cada piedra enmohecida de la ciudad se ve en aquel puente donde diariamente se reúnen músicos, pintores, cantantes y mimos para hacer las delicias del turista. El Puente de San Carlos se inauguró en el año 1503, pero no es ni el único ni el más antiguo puente que se levanta sobre el Vltava, el río que cruza la ciudad. Su identidad la consigue gracias a sus treinta estatuas religiosas barrocas que coronan cada uno de los pilares sobre los que se asienta el puente. A un lado y otro del mismo quedan separadas la Ciudad Vieja y la Ciudad Nueva del barrio de Malá Straná.
Un laberinto de estrechas callejuelas igualmente empedradas, estrechas la mayoría, con la tranquilidad que otorga el escaso tráfico que circula por el centro histórico, y salpicado por la música de los aficionados que buscan conseguir unas monedas alegrando nuestros oidos (y son realmente buenos la mayoría), nos llevará hasta la Plaza de la Ciudad Vieja, una de sus más famosas fotografías, en las que suele aparecer en primer plano la torre del Ayuntamiento con su famoso carrillón y de fondo los pináculos tan particulares de la iglesia gótica de Nuestra Señora de Tyn. En el centro de esta animada plaza, concurrida por turistas, y jovenes que se citan allí, así como de puestos ambulantes de comida y recuerdos turísticos, se levanta el monumento a Jan Huus, un reformador holandés que fue ajusticiado y quemado en la hoguera en esa misma plaza. A destacar también en la plaza la iglesia de San Miguel. El Ayuntamiento que nos encontramos en primer plano es del siglo XIII, en estilo gótico, y tiene una torre con un reloj astronómico cuya mayor curiosidad es que, a cada hora, entre las 9 de la mañana y las 9 de la noche, salen 12 figuras de pequeños apóstoles a dar las campanadas. Debajo están los escudos con los signos zodiacales.
Un poco más adelante se encuentra el barrio judío cuyo mayor atractivo es su Sinagoga y sobre todo el escalofriante cementerio judío cuyo aspecto es casi fantasmal.
Museo Nacional
En la Ciudad Nueva destacan el Ayuntamiento Nuevo y el Museo Nacional, ambos a lo largo de una espectacular avenida cargada de edificios renacentistas que acaba en la Plaza de San Wenceslao.
Al otro lado del Puente se encuentra Hradcany, donde se encuentra el Castillo de Praga, en cuyo interior está la Catedral de San Vito, Wenceslao y Adalberto, en estilo gótico y del siglo XIV cuyas cúpulas se yerguen esbeltas por encima de los muros del propio castillo. Sobre todo, no dejéis de admirar sus maravillosas vidrieras que le dan una luminosidad especial al interior de esta fabulosa iglesia. Dentro del mismo castillo, casi al final, podréis pasear por el tranquilo Callejón de Oro, una sucesión de casas multicolores que en su día fueron el hogar de artesanos del castillo, y donde trabajó un tiempo Franz Kafka.
Para finalizar nuestro rápido recorrido por Praga, un tranquilo paseo desde el Castillo nos llevará hasta la iglesia barroca de San Nicolás donde en su tiempo llegó a tocar Mozart y más abajo el barrio de Malá Straná con su sabor tan tradicional. El final de este barrio es el principio de nuestro punto de partida: el Puente de San Carlos.
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