Primera fiesta espuma en Morro de Sao Paulo
0 votos

Primera fiesta espuma en Morro de Sao Paulo

Después de mis primeros intentos frustrados, pensé que unos días de descanso no me vendrían mal. Decidí irme a la isla de Morro de Sao Paulo, cerca de Salvador de Bahía. Existen dos maneras de ir a la isla: la cara/rápida y la barata/lenta. La cara es una lancha rápida que sale desde el puerto de Salvador y os lleva directamente a la isla. La barata, que más bien deberíamos llamar la menos cara, consiste en una combinación Ferry-bus-bus-barco que me entretuvo todo el día.

 La isla tiene playas preciosas, aguas cristalinas, caminos entre bosques y montes que comunican las diferentes partes de la isla, pero tiene un gran inconveniente: el 95% de los turistas están concentrados en un rincón de la isla. Como consecuencia de ello, aquel rincón está repleto de hoteles, albergues, tiendas, bares y restaurantes.

Por la noche, salí con un rastafari y un mono que me había encontrado por allí, habían oído hablar de una fiesta espuma en una discoteca. Tomamos unos caipirinhas en uno de los numerosos puestos que bordeaban el paseo marítimo. Me encantaba ver a las mujeres prepararlo. Cogían la fruta, la cortaba, la trituraba, vertían el ron, todo un arte, casi hubiera pagado sólo para ver la preparación. Pero una vez hecha la bebida, alguien tenía que bebérsela.

Después de treinta segundos de deliberación llegamos a la conclusión de que estábamos en condiciones para ir a la discoteca. Llegamos al lugar, algo decepcionante porque la música era exactamente la misma que escuchaba en Europa desde mi caseta. Pregunté dónde estaba la espuma, poca gente me hizo caso y los que lo hicieron no sabían nada. Me fui a pedir una copa pensando que me habían engañado. Al final pedí tres y ya no me sentía tan engañado, de hecho me animé a bailar un rato, con movimientos descoordinados que hace uno cuando sale a la pista, no porque le apetece, sino por no ser el único tonto que no baila.

Sobre las 4 de la madrugada, cuando ya no tenía esperanzas de ver espuma y estaba compartiendo mi pena con mi cuba libre, todo el mundo se puso a gritar. Entonces vi cómo una avalancha de espuma caía desde un tubo que parecía venir del cielo e inundaba la pista. Abandoné mi copa y me precipité hacia la pista. Una vez debajo de la avalancha, todo fue muy rápido, me empujaron, me caí, recuerdo haber caminado unos metros a cuatro patas bajo la capa de espuma, hasta tuve que ladrar un par de veces para que me dejaran salir.

Lo malo en una fiesta espuma, igual que en todas las fiestas, es cuando acaba. De repente alguien cerró el grifo, la espuma dejó de caer y la gente se consolaba cogiendo montones de espuma que estaba en el suelo con las manos y tirándola a la gente alrededor.

Miento, pensándolo bien, lo peor de una fiesta espuma no es cuando acaba, sino al día siguiente, cuando uno despierta con resfrío y dolor de garganta. Pero el colmo llegó cuando me di cuenta al ducharme que mi gorro olía a productos químicos.

Deja tu comentario

  • (No será publicado)

XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>