Rocamadour es una ciudad impactante desde todos sus ángulos: construida acompañando la pendiente abrupta de un acantilado, la ciudad parece estar haciendo equilibrio como si sus calles estuvieran trepando hasta coronarse en un vistoso castillo, en Francia. Recibe más de un millón de visitantes cada año atraídos por el paisaje, y por ser un centro de peregrinación en un pueblo santuario dedicado a Notre Dame desde la Alta Edad Media.
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Situado al este de la ciudad de Burdeos, en el departamento de Lot, y sobre un valle al borde del río Alzou, el poblado de Rocamadour posee una belleza que deslumbra desde lo lejos de la carretera. Rocamadour es un destino deseado por igual por turistas, artistas en busca de inspiración y arqueólogos. Pero es principalmente una imán para miles de peregrinos que cada año acuden al pueblo para recorrer sus calles, templos y lugares sagrados.
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Lo más increíble del pueblo es observar como sus construcciones se adaptan al acantilado que alcanza unos 120 metros de altura. La principal atracción es la iglesia de Notre Dame donde se encuentra emplazada la Virgen Negra con un nombre que hace mención a su tez.. En la cúspide de todo el recorrido se encuentra una fortificación y un castillo que si bien no es el original de la edad media, recuerda los tiempos en que construir en la altura era un modo de asegurarse una mejor defensa ante cualquier amenaza.
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La ciudad es por supuesto un destino turístico donde se puede disfrutar de la gastronomía, principalmente los quesos con denominación de origen, y donde a cada paso se respira un aire histórico en un sitio visitado por peregrinos ilustres a lo largo de siglos. Tierra de leyendas, Rocamadour está situado cerca de los caminos que conducen a Saint Jacques de Compostela, y encanta a cada turista con sus tejados, casas e iglesias retando el equilibrio, literalmente.



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