Ruinas de Numancia: gritos de libertad
A 8 kilómetros de Soria, cerca de Garray, el pasado de España se funde en un sólo lugar con el presente de una ciudad que intenta agarrarse al futuro. Allí, en el yacimiento arqueológico de las ruinas de Numancia asistimos al tesón, y a la eterna lucha por la independencia y la libertad del yugo romano.

Era el año 133 a.C. y habitaban la tierra la tribu más poderosa de los celtíberos, los arevacos. Calles empedradas, aljibes, murallas, casas y termas se levantaban entonces sobre este cerro solitario. Ávido de aventura, ávido de recuerdo, ávido de cultura… en aquel paraje inhóspito las huellas de un pasado heróico aguardan al turista; deseosas las ruinas de contar su gesta, de contar el esfuerzo de una pequeña tribu capaz de resistir 20 años los ataques de las temidas legiones romanas que pretendían su conquista.
Durante 20 años los romanos mandaron tropas a aquel cerro, dispuesto a invadir la ciudad y deshacerse de aquellos incómodos arevacos, pero una y otra vez se estrellaban en sus murallas. Era el año 134 a.C., cuando procedente de Ampurias, llegó el gran Publio Cornelio Escipión, más conocido como Escipión el Africano. El general romano capaz de arrasar hasta sus cimientos a la fuerte Cartago. Los ecos de su ira llegaron hasta los confines de la Península. Quienes ayudaran a aquellos numantinos serían arrasados, como en su día lo fueron los cartagineses. Y Numancia, los numantinos, se encontraron solos. Fueon 11 meses de asedio. De duras jornadas en las que la desolación y el hambre se instalaban en la población. Pero el orgullo numantino se mantuvo intacto, y antes que agachar la cabeza ante el enemigo, ante la todopoderosa Roma (Ver hoteles en Roma), los numantinos se suicidaron en masa.
Doce paneles expuestos en las ruinas de hoy día explican toda aquella historia. Doce paneles que nos descifran los sufrimientos de aquel pueblo hasta quedar en lo que hoy es, un despojo de ruinas que estuvieron ocultas hasta el año 1860 cuando fueron descubiertas. Apenas algunos restos que poco a poco han sido reconstruidos, como el trozo de muralla que nos recibe nada más llegar al cerro, en las afueras de Garray. O sus torrecillas de vigilancia hechas en madera. O las dos viviendas celtiberas que se han construido al estilo y semejanza de las que por aquel entonces debían existir a modo de hogar de aquellos pobres arevacos. Muros de adobe, cubiertas en teja, y mucha vegetación que rememoran un pasado histórico. Y junto a las casas celtiberas, un barrio romano con la Casa del Médico.
Sólo 0,60 euros para reconstruir en nuestra imaginación un pequeño gran retazo de la Historia de nuestra Península. O gratis si váis en fin de semana. Pero merece la pena revivirlo, porque perdidos en el eterno frío de Soria, absortos en la abrumadora soledad del cerro, nuestro espíritu parece querer volar libre, como en aquella historia.
Para la historia quedó su gesta; entre el gélido viento de la Sierra de Cabrejas; entre los susurros del aire que resoplan en los oidos la historia de una defensa numantina…
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Comentarios al artículo
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Fecha: January 29, 2008 at 6:09 pm
[...] puede comer tibio, o frío. Y recuerden que siempre tienen la libertad de creación para probar nuevas combinaciones y [...]










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