Saint Malo, tesoro en la Costa Esmeralda
Al noroeste de Francia, a algo más de 400 kilómetros de París, se halla situada la amurallada ciudad de Saint Malo, antigua fortificación que, frente al canal de la Mancha, parece aun hoy estar dispuesta a resistir el ataque de los piratas ingleses. El puerto de Saint Malo fue uno de los más importantes de Francia en los siglos XVII y XVIII y, destruido casi por completo por los alemanes en la II Guerra Mundial y reconstruido posteriormente, es actualmente uno de las paradas turísticas más importantes de la conocida como Bretaña Francesa.

Para acceder a la antigua ciudadela de Saint Malo hay que pasar por una de las siete puertas que atraviesan su muralla. Esta antigua muralla, construida con granito y de 7 metros de espesor y dos kilómetros de largo, puede ser recorrida mientras se disfruta del paisaje en el que, con la subida de la marea, el espectáculo de fuerza y belleza del mar logrará que pierdas la noción del tiempo. Eso sí, para acceder a la ciudad a pie hay que esperar a que la marea baje y, entonces, al sur del casco antiguo, veremos asomar maravillosas playas doradas, que están bañadas por el mar de color esmeralda que da nombre a la Costa que bordea esta fortificación: la llamada Costa Esmeralda.
También, con esta retirada momentánea del mar, podremos visitar la isla de Grand-Bé, donde imaginaremos escribiendo, acompañado sólo del arrullo del mar, al escritor Francois-René de Chateaubriand, nacido en Saint Malo y enterrado aquí mismo por expreso deseo en 1848. La bajamar nos trae, además la posibilidad de realizar una excursión a la fascinante abadía de Saint Michel, situada no muy lejos de Saint Malo.

Ya dentro de la ciudad, nos hallaremos ante un sinfín de calles estrechas donde la cultura celta se respira en cada rincón y podrás seguir las huellas dejadas por marineros y corsarios. Entre las paradas obligadas encontramos la visita al Gran Acuario, en el que viajaremos en submarino y contemplaremos asombrados restos de barcos hundidos, o la Catedral de Saint Vincent, donde podremos observar la maravillosa colección de vidrieras, tanto medievales como modernas. Si nos decidimos a ir en Julio o Agosto, no debemos dejar de disfrutar, rodeado de tal artística belleza, de los conciertos de música clásica previstos, cada año, para estos meses.
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