Lo primero que me llamó la atención en Salvador de Bahía fueron los colores. Colores de las casas y de las iglesias, colores de los cuadros, de la ropa y de la artesanía que abundan en las aceras del barrio del Pelourinho. No sabía que aquí había rodado Michael Jackson el videoclip de “They don´t care about us” con el bloco Olodum, uno de los grupos de percusión más famosos – si no el más famoso – de la ciudad, hasta que se me acercó un fotógrafo y me invitó a subirme al balcón dónde salía Michael Jackson en el clip. Rechacé su oferta, no estaba bien peinado.
Decidí ir al zoo para averiguar si tenía algún primo mío ahí. Un zoo es un zoo, claro está, y como en todos los zoos, están los animales en jaula, huele mal y los niños esperan dónde supuestamente hay un tigre que salga, pero el tigre, para fastidiarles, prefiere esconderse.
Entonces pasé delante de los macacos y me paré a mirarlos. No dejaban de jugar. Corrían unos detrás de los otros, saltaban, se colgaban a una liana y se dejaban caer, volvían a subir, daban mil vueltas, eran incansables. Me quedé ahí una hora, reflexionando sobre el enfoque que le dan los macacos a la vida y pensaba: “Desconozco el coeficiente intelectual de un macaco, de hecho me encantaría cruzarme con algún cuidador para preguntárselo, pero desde luego felices están”.
Por la noche, seguía pensando en los macacos y me decía que me gustaría a mí ser uno de ellos al menos un día, colgarme a una liana y tirarme sobre mis colegas sin que me peguen. Deje ese pensamiento de lado y pregunté a Benjamin, el chico con quien estaba, a qué se dedicaba. Era profesor de inglés en Paraguay. No sé qué cara puse cuando me lo dijo, pero debió sentir la necesidad de justificarse porque en seguida dijo: “no es que me encante Paraguay, pero quise ir allí porque es un país del que nadie habla. Ahora sé porqué.” No le pregunté más.
Al bajar en Praça da Sé, ya se escuchaban las percusiones en diferentes calles. Los blocos que ensayan para el carnaval desfilaban, todos con sus uniformes y colores característicos. Me gustó uno en particular. Los músicos lo daban todo y el líder, un saxófono en la mano, estaba marcando el ritmo, torciéndose como si la música le entrará por dentro. Empezó a tocar y creo que era la primera vez en mi vida que escuchaba un saxófono con percusiones. El resultado era realmente bueno, bailaba con ellos sin hacer caso a la gente alrededor que se reía al ver un bicho raro bailando con un gorro jamaicano.
Desafortunadamente los ensayos acabaron pronto, a las 23h ya no había ningún bloco tocando. Me fui a otra calle dónde se escuchaba música. Había tanta gente que casi no podía avanzar. De repente sentí una presión a mi alrededor, como si un pulpo me estuviera atacando. Cuando baje la cabeza, no fueron los tentáculos del pulpo Paul que vi sino un montón de manos cacheándome, y no les preocupaba en absoluto que les estuviera mirando. Afortunadamente el poco de dinero que llevaba estaba en mis trenzas, pero cuando sentí una mano intentar despeinarme, miré al dueño de la mano y le dije en inglés que ya estaba bien. El hombre se apartó, no sin expresar su descontento emitiendo un sonido que emiten a veces los pájaros enfadados, y logré finalmente deshacerme de los tentáculos.
Volví al hostal diciéndome que si hubiera sido un macaco, nada de eso hubiera ocurrido.