San Cristobal de La Laguna, patrimonio canario
Situada en el noroeste de la isla de Tenerife, una de las Islas Canarias, entre el Macizo de Anaga y el Monte de la Esperanza, la ciudad de San Cristóbal de la Laguna, más conocida como La Laguna, es la segunda más importante de esta isla y fue declarada Patrimonio de la Humanidad, en el año 1999, por el Comité respectivo de la Unesco reunido en Marruecos.

Fundada tras la conquista de los españoles sobre el pueblo guanche, que desapareció poco después, a finales del siglo XV, comenzó a levantarse en el conocido como Valle de Aguere, concretamente en el lugar en el que tiempo atrás descansaba una laguna.
San Cristóbal de La Laguna ha sabido respetar su estructura original, la que establecieron para ella en el año 1500, salvando las distancias, por supuesto, pues también ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos. Así, ha luchado por conservar casi 600 edificios, todos de arquitectura mudéjar.

Precisamente desde el comienzo de su existencia como ciudad data uno de sus monumentos más emblemáticos: la iglesia de la Concepción, que se encuentra en el casco antiguo, no lejos de la plaza del Adelantado. Cerca de ella encontramos también el Ayuntamiento, construido en 1545, el Real Santuario del Santísimo Cristo de La Laguna, en donde se puede admirar al Santísimo Cristo, el convento de las Catalinas y sus llamativas celosías de madera, y el Palacio de Nava, construido entre los siglos XVII y XVIII.
Otros lugares para visitar son el Palacio Episcopal, edificio barroco del año 1681, el palacio de Villanueva y la antigua Universidad, levantada en el siglo XVII. La Catedral, gótica, es posterior, del año 1891, aunque fue reconstruida en 1905.

San Cristóbal de la Laguna, que fue la primera ciudad colonial no fortificada, (este tipo de infraestructura urbana comenzó a utilizarse más tarde en las colonias españolas establecidas en América), es hoy en día la ciudad de los universitarios. Y es que dentro de sus límites encuentran la mayoría de las Facultades y Escuelas Técnicas de la provincia de Santa Cruz de Tenerife.
Es por eso que, si bien durante el transcurso del tiempo que la Universidad abre sus puertas la ciudad es un hervidero de estudiantes, en épocas de vacaciones recupera su tranquilidad y las calles vuelven a estar a total disposición del visitante que quiera descubrir a fondo cada uno de sus rincones.
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