Torre Eiffel, de monumento ignorado a símbolo de París.
París sin la Torre Eiffel no sería París. Pero lo que hoy es insustituible, en sus primeros tiempos, no tuvo ni remotamente la popularidad que goza actualmente. La Torre Eiffel no era muy querida, hay que decirlo, tanto es así, que los costos de su mantenimiento sin cubrir, estuvieron a punto de borrarla del mapa.
Imagen Carlos seo
El ascenso a la cima de la popularidad de la Torre Eiffel, en cuanto a visitantes, comienza a despertar a partir de 1960, cuando el turismo internacional lo incluye en los monumentos emblemáticos del planeta. Desde entonces, las colas comenzaron a poblar las entradas a las escaleras de la Torre Eiffel. Pero hasta ese momento, el gigante de hierro a duras penas conseguía ingeniárselas para sobrevivir. Recién en el año 1985 se concluyeron las obras para adaptar las medidas de seguridad al nivel elevado de visitantes.
Para empezar, el proyecto de la torre nacido en 1884 ni siquiera entusiasmaba en sus comienzos al propio creador, Gustave Eiffel, quien se sumaría con más impulso unos meses después. Fue el propio Eiffel el que sacó a luz el proyecto luego de una ardua tarea para convencer a los gobernantes y al público desencantado de la idea de construir la torre como un simple adorno para París.
La Torre, es sabido que terminará convertida en el símbolo de París y de Francia. Pero para llegar a serlo, pasarían muchos años más. Mientras tanto, el ambiente intelectual de París se referiría a ella como un objeto ridículo.
Después de la Exposición de 1889, el número de visitas a la torre cae notablemente. Incluso, el propio Eiffel toma la decisión de bajar considerablemente el precio de las entradas sin muchos resultados. Hacia el año 1909 se llega a hablar de demoler la torre. Durante décadas, se conserva con fines más científicos y hasta prácticos que turísticos. Desde exhibir publicidades, hasta utilizarse como antena de radiodifusión, pasarían años hasta convertirse en el monumento más visitado del mundo, con 7 millones de turistas anuales. No subir a la Torre Eiffel es una experiencia imperdonable si visitamos París. Lejos quedaron los tiempos en que la Torre no era ni muy querida, ni muy visitada.
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