Trabajar en una bodega en Mendoza (2/2)
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Trabajar en una bodega en Mendoza (2/2)

Cuando volví a La Rural el día siguiente, todavía no me podía creer que acababa de ser contratado por una bodega de Mendoza. Me recibió el director, bebimos una botella de vino y me preguntó qué sabía hacer. “Bueno, sé cuidar de las plantas” dije. El director se levantó, miró por la ventana y al final dijo “Vas a ser un empleado muy valioso aquí”. “Gracias, señor director, no he estudiado mucho pero usted ha visto mi gran potencial intelectual a primera vista” contesté. “No lo digo por tu inteligencia, Rasta. Eres muy pequeño, vas a cuidar de la uva como nadie. Desde hoy mismo eres encargado del Malbec. 2.6 hectáreas, 2857 plantas por hectárea. ¿Qué me dices?”. No sabía qué decir, no estaba seguro estar bastante cualificado para el trabajo, pero al pensar en toda la uva que iba a poder comer, acepté su oferta.

La rutina es como un panda rojo que acaba de encontrar un lugar donde dormir, se instala muy rápido. Después de una semana de trabajo en la bodega La Rural, ya sabía lo que significaba “fermentación” y tenía mi escondite para guardar la uva que había robado durante el día. El director estaba encantado conmigo, decía que hacía años que no había visto una uva tan feliz. “¿Cuál es tu secreto, Rasta?” me preguntó un día mientras abría una botella de vino en un parque de San Rafael. “Creo que a la uva le gusta que le hablen” dije. “¿Hablas con la uva?” “Sí señor director”. “¿Y qué le dices?” “Le digo que nadie la comerá”. “Pero alguien la beberá”. “Eso no lo saben, señor director. Al menos crecen en paz, por ese motivo son tan felices”. “Rasta, eres un auténtico genio. Sigue así y te haré responsable del departamento de Fermentación.” Las palabras del director me dieron mucha hambre, me comí un poco de uva admirando el resultado de mi trabajo.

Un día el director vino a verme y dijo “Rasta, estás despedido.” “¿Por qué?” “Hemos encontrado tu escondite”. “¿Cómo sabe que es mío?” pregunté desesperado. “Porque el escondite estaba en el cuartel de Malbec y porque además de uva, hemos encontrado huesos de pollo”. Se había acabado, el último argumento del director me dejó sin defensa.

Me despedí de mis compañeros, entré por última vez en la sala de fermentación y miré los enormes cilindros metálicos. Todo el mundo me preguntó porque me habían despedido, dije que no importaba, que el pasado no había que removerlo mucho. “¿Y dónde vas a ir ahora?” “Voy a seguir la corriente, me llevará hasta mi padre”. “Si buscas tus raíces, deberías ir al Valle de la Luna. “¿Por qué?” “Ahí se han encontrado fósiles de dinosaurios. Puede que aprendas algo sobre tus antepasados”. Escupí la piel de la uva que tenía en la boca y decidí visitar aquel valle.

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