Es quizás la sucursal de banco más extraña del mundo. Y un símblo de que los tiempos que corren en Brasil, dejan pocos sitios libres de las costumbres modernas. Un banco flotante, avanza por las aguas del Amazonas y entre la selva, llevando los servicios a las ciudades sobre la costa.
El Voyager III es un emprendimiento como mínimo extravagante. Una sucursal bancaria móvil se traslada junto a pasajeros y mercancías por el sistema fluvial del Amazonas. El trayecto de viaje de más de 1.600 kilómetros se realiza a lo largo de nueve días en plena región de Amazonia central. La fórmula del banco, es algó así como “si en tu pueblo no hay un banco, el banco viaja hacia tí”. Así, miles de pobladores casi aislados o obligados a recorrer grandes distancias para acceder a los servicios bancarios, pueden abrir su caja de ahorro o hasta obtener un préstamos personal en el muelle del pueblo.
Aunque la oficina bancaria a bordo del banco es modesta, el barco acerca hasta un cajero automático a sus clientes. Los resultados están a la vista, cuando más de 300 clientes abrieron su cuenta en el banco flotante en pleno Amazonas.
El banco el Voyager III, además de ser un símbolo de los nuevos tiempor que corren en Brasil, refleja el grado de desarrollo creciente alcanzado en el Amazonas, donde el hombre avanza no simpre de la mano del desarrollo sostenible. Los cruceros por el Amazonas, tours de ecoturismo, hoteles en medio de la selva, y pequeñas ciudades y aldeas en crecimiento, ganan lugar entre la densa selva. Pensar en estar perdidos en la selva y encontrarnos con un banco es hoy un absurdo del pasado.
Información e Imagen en WSJ



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