Varsovia, capital de Polonia, ha resurgido de sus cenizas y se está volviendo una de las capitales más pujante de Europa. La Segunda Guerra Mundial dejó a esta ciudad en ruinas. Los bombardeos alemanes derribaron incluso los cimientos de todos los edificios.

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Lo primero que nos percatamos cuando recorremos Varsovia es el contraste arquitectónico que existe entre los diferentes edificios. Algunos, los más recientes, modernos y estilizados, tienen un extraño matiz comparados con las grises y rectas l´neas de los edificios de la periferia donde vive la mayoría de la población.
Con el tiempo, Varsovia se ha ido deshaciendo de su color gris de ciudad comunista de Europa del Este. La ciudad se ha modernizado y también lo han hecho los conflictos y discusiones políticas en las que la capital polaca se vio envuelta.
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La zona vieja de la ciudad es muy interesante. Caminar por la calle principal, una pintoresca peatonal, es una manera interesante de descubrir el pasado de la ciudad. Desde el edificio del Museo de la Ciencia y la Cultura se obtienen increíbles panorámicas.
Una visita a Varsovia incluye también un pic nic en alguno de sus parques (especialmente en verano). El parque Lezienki es de los más bonitos, con lagos y de enormes dimensiones asegura tranquilas caminatas.
Los viajeros tienen que tener en cuenta que Varsovia es una ciudad muy fría en invierno, por ende, ¡no se olviden una campera muy abrigada!
Un aspecto que los viajeros de corto presupuesto encontrarán muy interesante es que la capital de Polonia es muy barata (especialmente alojamiento y transporte) y ofrece tantos o más atractivos que otras capitales europeas.