Visita guiada al Valle de la Luna, San Juan, Argentina
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Visita guiada al Valle de la Luna, San Juan, Argentina

En el jeep que nos llevaba al Valle de la luna, el guía explicó que aquel parque tenía otro nombre, el parque provincial d’Ischigualasto. Sobresalté al escuchar esta palabra, me daba algo de miedo, no entiendo muy bien por qué.

Al borde de la carretera vimos a un hombre tumbado en el suelo, al lado de su moto caída. Paramos, pensando que había tenido un accidente. El hombre estaba bien, en realidad, bien borracho, tanto que había preferido descansar un rato antes de volver a casa. “Le conozco, vive un poco más atrás, dijo el guía, se habrá olvidado de girar y no habrá reconocido el camino”. Lo dijo con mucha naturaleza, parecía acostumbrado a encontrar a vecinos suyos durmiendo al lado de una moto en la carretera. Fuimos a la casa del hombre, nos recibió el hermano. El guía le explicó el suceso, el hermano agachó la cabeza como si ya supiera porque estábamos aquí. “Gracias, iré a buscarle” dijo y cerró la puerta. Al pasar de nuevo delante del hombre durmiendo, me arrepentí no haber cargado la batería de mi cámara de fotos.

 “No sé si sois conscientes de la importancia de este lugar, dijo el guía del parque. En 1941, el geólogo argentino Joaquín Frenguilli encontró aquí un cráneo de cinodonte”. “Es un dinosaurio” me sopló un niño con gafas que debió de ver la perplejidad en mi cara. Dejé de escuchar al guía cuando dijo que dinosaurios habían pisado este suelo hace 230 millones de años, no veía en absoluto en qué tipo de conversación podría usar este dato, me parecía información inútil.

El guía contó un par de historias más, la gente fingió interés, esperando educadamente que acabe de una vez para sacar sus fotos. Cada uno se subió a su coche comentando las bonitas fotos que acababa de sacar, lamentándose porque el sol impedía ver la cara de la pequeña pero no importaba, íbamos a sacar más fotos luego. Los vehículos se pararon y descubrí enormes piedras redondas.

“No sabía que los dinosaurios habían inventado la petanca” dije delante del grupo para participar un poco. “Eres el tercero hoy que me hace esta broma” dijo el guía. Estaba a punto de preguntarle a qué broma se refería pero no me dejó tiempo, empezó a hablar de estratos areniscas y de Triásico Inferior.

Al final de la visita, me acerqué al guía. “Oiga, usted parece saber lo que dice pero no hay nadie aquí que le entienda. En realidad he venido para encontrar mis raíces”. “Eres demasiado pequeño para tener antepasados dinosaurios” dijo. “Mi padre es un mono”. “No hacía falta que me lo dijeras. Pero gracias. Sólo conozco un mono. Vive en Salta La Linda.” “¿Sabe si le gustan los plátanos?” “¡Le encantan!”.

No había lugar a duda. El mono de Salta tenía que ser mi padre. Me obligaron a sacar una foto delante de unas rocas que, según el guía, eran las que se veían en todas las postales. Acepté para contentarlos a todos, pero cómo os podéis fijar en la imagen, ya se ve una gran determinación en mi cara. Estoy pensando en por dónde empezar el hueso de dinosaurio que acabo de ver antes de ir a ver a mi padre.

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