Vitoria, clásica y elegante
Situada a tan sólo 65 kms. de Bilbao (Ver hoteles en Bilbao) y a 111 de San Sebastián, Vitoria, capital alavesa, es una ciudad tranquila, acogedora y muy elegante. Un lugar de esos de los que cuando sales te dices a tí mismo que ahí no te importaría vivir. Y es que la ciudad acoge desde el más medievo clasicismo hasta la modernidad otorgada principalmente por el nuevo Museo de Arte Contemporáneo Artium, abierto en el año 2002.

El centro histórico de la ciudad se abre a la ciudad moderna con la catedral de Santa María, situada en la parte más elevada de toda la zona medieval de Vitoria. De estilo gótico, esta iglesia fue levantada en el siglo XIII, pero sufrió varias ampliaciones y reconstrucciones en los siglos siguientes, hasta la última, que fue realizada en el año 2.000, dado que sus muros exteriores se estaban curvando peligrosamente.
Alrededor de la catedral se conserva el sabor típico medieval en todas sus callejas, empezando por los propios nombres que nos recuerdan a antiguas profesiones: Herrería, Zapatería… Curiosamente, aún hoy día, se continúa celebrando un mercadillo típico en varias de esas calles cada primer sábado de mes, con degustaciones incluidas.
Es esta zona de calle Cuchillerías una de las más ambientadas en cuanto a zonas de restauración, y es que la zona da el entorno apropiado para establecimientos acogedores tipo mesones y tabernas, muchos de los cuales además se alzan sobre antiguos palacios y casas históricas, y donde, desde el aspecto gastronómico, podemos disfrutar del típico poteo vitoriano, en los que podemos ir tomando de bar en bar, los potes, pequeños vasos de un vino muy conocido en Vitoria.
Allí también encontraremos la zona de Museos, como el de Arqueología o el de Ciencias Naturales.
Y ya, en el límite con la ciudad nueva, allá donde comienza el Paseo de los Arquillos, nos encontramos un palacio monumental digno de visitar: el Palacio de Villa Suso, un caserón precioso del siglo XVI que se alza junto a la Iglesia de San Miguel.
Pero llega el momento de adentrarnos en la parte más moderna, de bajar por la empinada cuesta del Paseo de los Arquillos, hacia donde se extendió la ciudad vieja cuando ésta ya no podía albergar más población. El cambio que se produce es importante, pues de pasear por callejas medievales y estrechas y casas clásicas renacentistas donde todo huele a Historia, pasamos a encontrarnos con amplias avenidas y, sobre todo, unos parques y plazas muy frescos.

Hay bastante que andar también en esta parte de la ciudad, pero destacaríamos sobre todo, no sólo el Paseo de los Arquillos, sino además la Plaza de España, una amplia plaza porticada donde se encuentra el Ayuntamiento de Vitoria. Una plaza de tintes neoclásicos, abierta y muy acogedora gracias a sus soportales. Toda esta parte de la ciudad es una sucesión de plazas, pues si al principio nos encontramos con la del Machete, y luego con la de España, al fin llegamos a la más popular de todas: la de la Virgen Blanca.
Para describirla habríamos de atenernos a sus edificios, sobre todo. Porque lo primero que salta a la vista son sus ventanales amaderados; grandes cierres de madera blanca y cristal que le dan a la plaza un aspecto uniforme, entre clásico y elegante. En el centro unos jardines muy bien cuidados y en ellos el monumento en el que se conmemora la victoria de los vascos sobre las tropas de Napoleón.
Y ya, por último, el Museo de Arte Contempraneo Artium, diseñado por José Luis Catón. Un museo que alberga más de dos mil obras del siglo XX, y entre cuyas muestras hay obras de Miró, Chillida o Picasso.
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