Escrito por Tendenzias

Hallstatt, escondida en los Alpes austriacos

Cuando planeé mi viaje a Austria, ni por un momento se me ocurrió visitar este lugar. Fue de esas agradables sorpresas que a veces ocurren y que se encuentran por casualidad. Ya me pasó y os lo conté en Luxemburgo, una ciudad de la que no me esperaba el encanto que me ofreció. Y en mi viaje a Austria (Ver hoteles en Zurich) me pasó con Hallstatt.

Más que el pueblo en sí, el cual es precioso, típico alpino (pero así vi varios), por los paisajes que los rodean. Cerrad los ojos, imaginad, pensad en los Alpes y por un momento deciros lo que veis. Sí, eso es Hallastatt: lagos alpinos, un bello pueblo, no demasiado grande de casas blancas y techos negros a la orilla de ese lago. A sus espaldas las altas montañas nevadas de los Alpes, y por sus calles, la paz, la tranquilidad, el silencio de esos parajes de ensueño.

Hallstatt ya fue reconocida por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en el año 1997. Pero, ¿cómo llegar a este escondido pueblo? La mejor manera es viajar en tren. El viaje en tren se hace, principalmente, desde Salzburgo y desde Viena. El viaje es precioso. No se puede dejar de mirar por la ventanilla cuando lentamente nos vamos introduciendo entre las majestuosas cumbres de los Alpes. Entre cascadas y cascadas vamos dejando atrás los caudalosos ríos; el verdor de sus montañas agrestes y algún que otro puente por el que nos gustaríamos parar un momento el tren sólo por cruzarlo y respirar profundamente el aire que baja de las cumbres.

Y así, llegamos hasta el Salzkammergut, la región cuya capital es Salzburgo, al oeste de Austria. y allí, rodeando a esta pequeña pero bellísima población, se encuentra el macizo de Dachstein con cumbre de más de tres mil metros de altitud.

El pueblo es como un pequeño laberinto de pequeñas callejuelas, de escaleras que se pierden entre las coquetas casitas llenas de flores en sus balcones. Entre las calles, nos encontramos de vez en cuando alguna que otra plaza, y al final, llegamos hasta la principal, la Markplatz, destacada por su fuente central y sobre todo por sus fachadas cubiertas de enredaderas. No hay nada como detenerse en la plaza, como si el tiempo no fuera con nosotros, sentarnos en alguna de las terrazas de los restaurantes que dan al lago, y disfrutar allí de la sabrosa gastronomía austriaca, con su buena jarra de cerveza.

Y si elegante es la principal iglesia de la ciudad que preside la plaza, también esbelta es la otra iglesia católica, un poco más en las afueras, en medio de lo que parece un bosque frondoso: la Pfarrkirche, donde hay un espeluznante osario que algunos gustan de visitar.

Podemos finalizar la visita a Hallstatt acercándonos a la orilla del lago. Cogiendo el ferry y obteniendo esas maravillosas fotos que nos traerán siempre a la memoria los recuerdos de aquel sitio de cuento. Desde el lago, obtendremos fotografías de casas a las que sólo se accede en barca y veremos reflejadas en sus aguas cristalinas las siluetas del pueblo y las montañas a sus espaldas.

Y así, perdidos en aquellas imágenes extraordinarias, podremos pensar en la importante Historia que rodea al pueblo, no en vano, Hallstatt está considerada como el lugar donde floreció y se expandió la Edad del Hierro. Muchas huellas hay de estos yacimientos por todo el terreno, y por ello, es tan importante su museo prehistórico. También importante fue Hallastatt por su comercio de sal, y es que según dicen, se encuentra aquí la más antigua mina de sal del mundo con más de 3.000 años de antigüedad.

Su visita es como ir a un parque de ocio y lanzarse en una de sus muchas atracciones, en una vagoneta, por un tobogán que te lleva hasta las mismas entrañas de la Tierra, donde admirados, podréis contemplar el lago subterráneo y el conocido Túnel de Cristal.

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