Escrito por Tendenzias

La Roque-Gageac, al pie del acantilado en Francia

Para aquellos que os guste Francia, y no sólo sus grandes ciudades, es altamente recomendable repasar el listado propuesto por la Association Les Plus Beaux, Villages de France (Asociación de los pueblos más bellos de Francia), ya que es una buena idea para promover las pequeñas maravillas urbanas e históricas del país. Entre ellas, hoy nos dedicamos por completo a La Roque-Gageac, un pequeño poblado al pie de un acantilado, como mínimo, muy curioso y que es quizás uno de los rincones más especiales que podemos encontrar en toda Francia.

La Roque-Gageac

La Roque-Gageac, al pie del Acantilado | Historia

Si nos encontramos un cartel indicativo que señale La Roque-Gageac, podemos llegar a pensar ¿La Roque?, quizás se trate de una roca de formas extrañas. Quizás por curiosidad o un magnetismo especial nos empuja a conocer ese lugar de nombre tan indicativo. Lo que nos encontramos es difícil de describir, sólo admirando la belleza que se nos ofrecía delante nos dejaba sin palabras.

Cualquier viajero que quiera descubrir una Francia alejada del bullicio de París y de las grandes galerías y palacios para adentrarse en la Francia rural, medieval o Romana, en la Francia con olor a uvas y vino. Recorrer la región de Aquitania siguiendo el curso del río Dordoña, para descubrir una de las mas espectaculares construcciones de siglos ya pasados. La Roque-Gageac.

Malartrie

La Roque-Gageac, al pie del Acantilado – Historia | Galos, Romanos y Vikingos

La Roque- Gageac es considerado uno de los pueblos más bellos de Francia, una región habitada desde la prehistoria y que ha dejado huella en sus paredes, un pueblo que ha sido galo, romano, vikingo, hasta llegar a ser lo que hoy es un pueblo bello donde las mezclas de culturas y los años de historia se mezclan con el misterio y la leyenda.

Hoy en día La Roque-Gageac es un pueblo situado a los pies de un gran acantilado, donde se establecieron grupos humanos en la época prehistórica. Las excavaciones arqueológicas siguen dando resultados y arrojando a la luz los distintos asentamientos que ocuparon la región abrigándose en las cuevas y oquedades de la pared.

Tras los asentamientos galos y la época romana, La Roque-Gageac, se convirtió en una villa romana, ya que en sus cercanías trascurría una antigua vía romana. De esta etapa se han encontrado restos de una villa, un pozo en un estado de conservación perfecto y los restos de la antigua vía romana.

Posteriormente, distintas invasiones vikingas con sus embarcaciones ligeras y de poco calado llamadas Drakkars consiguieron adentrarse a través del río Dordoña, donde los habitantes de la villa de la Roque-Gageac, levantaron fuertes defensivos en el acantilado para defenderse de estos bárbaros venidos del norte. De ésta época quedan todavía algunos antiguos vestigios, como restos defensivos y los recintos con casas fortificadas, consiguiendo hacer de la Roque-Gageac, un lugar prácticamente inexpugnable.

Restos de fortificaciones defensivas

Estos asentamiento y fortificaciones tan antiguas habían sido bien construidas ya que consiguieron también resistir posteriores embates y batallas libradas entre ingleses y franceses. Un sistema fortificado al que tan sólo se podía acceder a través de las puertas. El abrigo natural del acantilado y las fortificaciones delanteras hicieron de esta villa un verdadero fortín.

La Roque-Gageac, al pie del Acantilado – Historia | Edad Media

Llegados a la Edad Media, la villa de La Roque-Gageac había crecido en número de habitantes, aproximadamente 1.500 almas, que dependían directamente de la pesca que el río les proporcionaba y del comercio fluvial para intercambiar mercancías.

En la Edad Media y con la aparición de la época feudal, el gobierno de La Roque-Gageac, estuvo en manos de la abadía, cuyo abad llegó posteriormente a ser nombrado obispo de Sarlat.

Debido a la pequeña franja de tierra en la que se ubica el pueblo, la iglesia parroquial no se encuentra en la villa sino en San Donato a 1,5 km de La Roque, por lo que hasta la construcción de ésta el pueblo sólo disponía para rezar una pequeña y sencilla capilla.

La situación de la villa y el estrecho lazo que el ahora obispo de Sarlat, tenía con este bello paraje hizo que La Roque-Gageac alcanzara una cierta relevacia como segunda residencia del obispo y como lugar para el cobijo de nobles y burgueses que atraían a gentes ricas, sabios, letrados, convirtiendo a La Roque-Gageac en una ciudad episcopal.

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La Roque-Gageac, al pie del Acantilado – Historia | Edad Moderna

Con la llegada del Renacimiento la ciudad comenzó a embellecerse, el paisaje lo merecía, acometiendo distintas obras de arquitectura como el embellecimiento de las almenas y murallas, los tejados característicos puntiagudos y las ventanas tan típicas del estilo renacentista.

Se construye un castillo palacio como residencia oficial de los obispos, las murallas de lo que había sido la antigua fortaleza (estos se derribaron en el siglo XVIII). Con la llegada de nobles, se comienzan a construir viviendas dignas de esta nueva clase social que cada vez poseía mayor poder, como fue el caso de la familia Tarde.

Manoir de Tarde

Una familia oriunda del lugar donde cabe destacar la figura de Jean Tarde como cronista medieval del pueblo, gracias a sus crónicas conocemos gran parte de la historia del pueblo. Pero además destacó como astrónomo, filósofo, matemático, arqueólogo, etc., además de defensor en la guerra de religiones entre católicos y protestantes, del Vicario General del Obispo de Sarlat.

Escalera interior de la Manoir de Tarde

El mismo Galileo le regaló su telescopio en una visita a Roma que Jean Tarde realizó, este telescopio le permitió apoyar las tesis de Copérnico sobre el movimiento de rotación y traslación de los planetas, teorías que chocaba con una iglesia para la que el centro del universo era la tierra y todo lo demás gira entorno a la tierra.

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Una iglesia que bajo el tribunal de la inquisición le obligó a retractarse. En 1636 Jean de Tarde murió y con el comenzó la caída y el declive de La Roque-Gageac.

Deterioro de las construcciones

A finales del siglo XVI, tanto el castillo obispal como las casas fortificadas de los nobles comenzaban a desmoronarse, con la decadencia de la villa, con la mayoría de las casas abandonadas el pueblo cayó casi en el olvido, hasta que el obispo se vio obligado a vender el pueblo a un notable de Salignac.

A mediados del siglo XVI, siendo regente Luis XIV, una nueva legislación regiría los derechos de pesca del río mientras privilegiaba el comercio fluvial y la navegación, a través de un canon que se debía pagar se permitiría pasar las barcas mercantes, éstas pagarían en función a sus cargas.

La Roque-Gageac, al pie del Acantilado – Historia | Edad Contemporánea

Tras la revolución francesa, las leyes se intensificaron haciendo de La Roque-Gageac un puerto de cierta importancia para el comercio interior, pero ante todo seguía siendo un pueblito de pescadores. Así se mantuvo en el tiempo, escondido tras sus muros impenetrables durante el siglo XIX y gran parte del siglo XX.

Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, La Roque comenzó a modernizarse, a actualizarse y a mirar hacia el futuro pero de nuevo un nuevo golpe sacudió a esta bonita población. En 1957 un bloque de 5000 m³ cayó sobre el pintoresco pueblo, matando a 3 personas, destruyendo la carretera y sepultando varias casas.

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En 1957 un terrible desprendimiento causó la muerte de 3 personas

De nuevo el pueblo debía empezar de nuevo desde cero, pero el carácter de sus habitantes y su tesón consiguió reconstruir su hermoso pueblo, ahora con un nuevo aspecto pero guardando esas peculiaridades, una reconstrucción cuidada que la hizo merecedora de el título de la tercera población más bonita de Francia por detrás de poblaciones como Monte Saint Michel y Rocamadour.

La Roque-Gageac, al pie del Acantilado – Historia | En la actualidad

Hoy en día y cerca de la iglesia, llama la atención un precioso jardín tropical propiedad del Director de Medio Ambiente de la OCDE, quién a día de hoy es el propietario del acantilado.

La Roque-Gageac, al pie del Acantilado | Que visitar

Tocada por una climatología mediterránea, benigna y suave, visitar La Roque-Gageac es respirar un aire de tesón, de orgullo y de historia, la mejor combinación para visitar esta preciosa villa de Francia, merecedora de la distinción como el tercer pueblo más bonito de Francia. Pero vamos a conocerlo más en detalle.

Cueva trigglodita

La Roque-Gageac, al pie del Acantilado –  visitar | La fortaleza de La Roque-Gageac

La construcción de este increíble edificio tallado comenzó en el siglo XII y continuó mejorando a lo largo del siglo XVII, antes de ser desmantelado en el siglo XVIII. Para acceder a la fortaleza , hay que tener el valor suficiente para subir los 140 escalones (incluyendo 32 tallados en la misma piedra).

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El 7 de enero de 2010, se produjo un desprendimiento de rocas grave, que provocó la destrucción de las secciones de la fortaleza. Este evento se suma a las erosiones y destrucciones que tuvieron lugar en 1920, 1957 (3 muertes) y 1994.

La Roque-Gageac, al pie del Acantilado –  visitar | La Roque-Gageac Medieval

Durante la Edad Media, La Roque-Gageac era un puerto fluvial de 1 500 habitantes, (en comparación con los 415 habitantes que tiene en la actualidad). El río Dordoña fue una importante vía de paso de comercio y la actividad de muchos pescadores y navegantes fluviales beneficiados de ella. No es de extrañar que los obispos de Sarlat (10 km) hicieran de La Roque-Gageac el sitio de su residencia de verano.

Restos del palacio Arzobispal

El pueblo medieval es una mezcla de las casas humildes y viviendas de la antigua clase acomodada, que además se encuentran “atrapadas” entre el río Dordoña y el elevado acantilado. Recorrer sus calles, visitar el jardín botánico, la iglesia, pasear por las calles empedradas y sinuosas.

Las estrechas calles escalonadas conducen a la Manoir de Tarde, que domina el pueblo. La mansión está vinculada a la memoria de Jean Tarde (1562-1636), que era un historiador, así como cartógrafo, matemático, astrónomo, teólogo, filósofo, y amigo de Galileo. Este palacio renacentista consta de dos secciones principales, con techo a dos aguas y ventanas geminadas con mucho encanto.

A media altura del acantilado, junto a una pequeña iglesia románica, nos topamos con un sorprendente y exótico jardín en el que crece extravagante vegetación mediterránea; contando con más de 20 especies de palmeras, plataneros, limoneros, olivos, higueras, etc …

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La villa destaca además por contar con una especie de microclima que se consigue debido a su orientación hacia el sur y la ausencia de viento. Desde la iglesia, podemos admirar la magnífica vista del río Dordoña a menudo salpicado por canoas y barcazas (os aconsejo que os subáis en ella si queréis descubrir mejores vistas del pueblo).

Las mejores vistas del pueblo las encontraréis además en su mejor momento cuando llegue el atardecer, y cuando las multitudes se han ido y las paredes de piedra brillan en la luz del sol de poniente creando un elegante reflejo de color miel.

Si deseas conocer más sobre los pueblos más bellos que encontrar en Francia, tenemos en LocuraViajes, estos otros posts que seguro va a ser de tu interés:

La Roque-Gageac, al pie del Acantilado | Galería Fotográfica

LocuraViajes.com

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