Escrito por Tendenzias

Sibiu, Capital Cultural de Europa

Desde que se instauró la figura de Capital Europea de la Cultura en 1985, la importancia de este nombramiento ha ido creciendo exponencialmente. Cada año numerosas ciudades optan a esta capitalidad, que se ha convertido en una inmejorable oportunidad de promoción dentro del continente. De hecho, el programa que estaba previsto sólo hasta 2004, ya ha sido ampliado hasta el 2019, dado el gran éxito que ha alcanzado.

Ciudades como Atenas, que inauguró el galardón, Tesalónica (1997), Weimar (1999), Graz (2003) o Salamanca (2002)aprovecharon su momento. En 2007 serán dos las ciudades que recojan el testigo de la localidad griega de Patras: la ciudad de Luxemburgo y la de Sibiu, en Rumanía

Sibiu, simbolo de Rumanía

No se puede negar que los ciudadanos miembros de la UE miran con cierto resquemor a sus nuevos miembros. El temor a una avalancha de inmigrantes, que se unirían a los ya centenares de miles de rumanos ya desperdigados por Europa, así como la proliferación de noticias que, de alguna manera, unen el concepto “inmigrante rumano” a numerosos delitos violentos o, como mal menor, a pedigüeños en las “limpias” calles europeas, hace que no sea nada fácil “vender” a las opiniones públicas la integración de este país del Este.

Por esto, la designación de Sibiu como Capital Cultural tiene un innegable componente político. De alguna manera, la ciudad situada en la mítica Transilvania rumana, va a ser la mejor embajadora de su país en el resto de la Unión

Pero aparte de estas consideraciones políticas, no se puede negar que Sibiu goza de suficiente atractivos culturales para representar culturalmente a nuestro continente, con una importancia histórica y monumental que hace imprescindible su visita.

Ciudad Monumental

Sibiu tuvo la relativa suerte de con encontrarse en ningún nudo ferroviario, a diferencia de otras ciudades rumanas y, por esto, se salvo de una industrialización salvaje durante la época de Ceaucescu, que destruyo parte del patrimonio histórico de numerosas localidades. Pasear por la ciudad vieja de Sibiu nos retrotrae absolutamente a la época medieval, ayudado por las numerosas zonas peatonales de la que goza la ciudad transilvana.

Lo mejor que se puede hacer en esta ciudad es caminar sin rumbo, perderse por sus calles recorriendo toda su parte antigua, deambulando por su centro, la Piata Mica (pequeña) y Mare (grande), por la zona sur delimitada por las antiguas murallas o por la zona norte, por el borde del río Cibin. De esta manera nos introduciremos en una ciudad que nos retrotrae fácilmente al medievo centroeuropeo, sin apenas distracciones que nos recuerden que estamos en el S. XXI. En este trazado de aspecto germánico elementos góticos, bastiones y torres cohabitan en armonía con residencias y palacios puramente barrocos, creando un ambiente único.

Sibiu por su situación geográfica, era una de las ciudades mejor fortificadas de toda Transilvania. Así lo comprobamos siguiendo el paseo existente junto a las murallas, por el interior de la ciudad vieja, entrando en ella por alguna de las numerosas puertas que antaño eran la entrada a la urbe y que hoy unen la parte moderna con la histórica. Caminando por este paseo nos vamos encontrando con los diferentes bastiones defensivos e, incluso, podemos ir de uno a otro mediante un pintoresco pasaje de madera, que se está rehabilitando para la capitalidad cultural.

Desde ahí podemos empezar la subida hacia el centro. Por las callejuelas más antiguas, angostas y llenas de sorpresas, podemos detenernos a contemplar algunas antiguas iglesias de varios ritos ortodoxos y católicos o entras en alguno de los museos que salpican el recorrido. También podemos optar por acceder al centro por alguna calle con aspecto más moderno, repletas de estudiantes dada su cercanía a varios centros educativos.

Dos Plazas y un mecenas

Así, callejeando, llegamos a las dos plazas que constituyen el corazón de Sibiu – Hermannstadt, casi más esta segunda que la primera.

La primera que nos encontramos es la Piata Mare, la plaza grande. Realmente causa una impresión bastante peculiar: fachadas de colores pastel, con un estilo que parece sacado de cuentos infantiles, con tejados con amplios voladizos abuhardillados, cuyas ventanas asemejan ojos que observan la vida que pasa por allí. Los ojos de Sibiu son los testigos de una población variopinta y que podemos observar en esta plaza, con minorías como la de los descendientes de los alemanes que la fundaron, por desgracia en descenso, o como la húngara o la gitana. De hecho, en Sibiu podemos encontrar al rey de los Gitanos, que tiene allí su residencia.

También podemos contemplar la Iglesia Reformista y, enfrente, la Casa Haller, una de las más antiguas de Sibiu. Destaca también la Torre del Concejo, que alberga un pequeño museo, aunque su atractivo principal es la vista que nos ofrece desde su última planta.

Por último, la joya de la Plaza y de la ciudad, la Galería Bruckenthal. El Barón Samuel Von Bruckenthal, gobernador de Transilvania en el S.XVIII, es una figura omnipresente en la localidad. Numerosos museos llevan su nombre pero, en particular, le debemos el de la Piata Mare. Hizo construir un impresionante Palacio barroco y, como gran aficionado al arte, reunió en él cerca de 1100 telas y una gran biblioteca.

Saliendo de esta Plaza, por un pasaje cubierto junto a la Torre del Concejo, llegamos a la Piata Mica, una pequeña delicia llena de tranquilidad. Sentados en algún café podemos disfrutar del conjunto de casas de los S.XV y XVI, antiguas tiendas pertenecientes a los gremios de artesanos

Detrás de esta última plaza, por el Pasajul Scarilor, una escalera medieval adosada a las fortificaciones, bajamos hacia el rió, atravesando un mercado moderno pero lleno de vida y que es visita obligada para poder conocer el carácter y el modo de vida de sus habitantes.

Evidentemente, todo esto puede verse en una simple visita relámpago para los que tienen más prisa, pero si se quiere captar la esencia de la ciudad, camine y pasee, sin prisas, conozca a los habitantes y permanezca allí sin prisa

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