Encontramos el Santo Grial en León

El cáliz de doña Urraca ha pasado a convertirse en el principal atractivo de la capilla Sixtina como una joya mítica de la que fluctúan innumerables hipótesis y sobre la cual se han creado incontables obras y debates. Son innumerables los curiosos que se han aproximado hasta el panteón real para contemplar el objeto de tantas disputas históricas y religiosas.

Ya en 2014, una profesora de historia medieval, Margarita Torres, se alió con un historiador del arte, José Miguel Ortega, para producir un libro que aseguraba con “base científica” que el cáliz de doña Urraca esconde la mítica copa de la última cena. A raíz de este ejemplar, las visitas de curiosos y fieles aumentaron casi un 30% y el libro sirvió para poner las cartas sobre la mesa y prender la mecha de un debate que continúa hoy. De hecho, un colectivo de medievalistas y arabistas se han encargado de desprestigiar esta supuesta investigación, la última vez en boca del arabista del CSIC Luis Molina quien les acusa de caer en “groseros errores” al interpretar los textos árabes y asegurar que se trata de una investigación que cuenta con base científica.

Sin embargo, Torres y Ortega aseguran estar tranquilos y continúan defendiendo que el Santo Grial está escondido en León, pero a la vista desde hace más de diez siglos. Los autores basan su argumentación en dos pergaminos egipcios que Gustavo Turienzo encontró en una biblioteca de El Cairo y tradujo inicialmente. El historiador defiende que estos pergaminos no son prueba de ningún modo que el cáliz fuese trasladado a la Península Ibérica.

Por otra parte el medievalista Patrick Henriet tacha directamente esta obra de fraude, le resta cualquier ápice de base científica e incluso afirma que más que errores, contiene delitos y falsificaciones. ¿Las razones? Según él la motivación es “afán de gloria, dinero, patriotismo local…”.

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