Historia de Europa

Una clara ruptura con los valores medievales y las instituciones, motivaron una nueva conciencia en las personas, despertando al interés de un mundo material, la naturaleza y la recuperación del patrimonio cultural de la antigua Grecia y Roma, fueron las aspiraciones de la época que marcó este cambio en la civilización europea, “El Renacimiento”.

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El término Renacimiento sigue siendo un sello reconocido como el periodo entre el apogeo del universalismo medieval, encarnado en el Papado y el Sacro Imperio Romano, y las transformaciones radicales del siglo XVII, que se marcó un período de expansión económica vigorosa.

Esta expansión, a su vez jugó un papel importante en la transformación de muchos otros aspectos; sociales, políticos y culturales en la edad moderna.

Los lazos comerciales dentro de Europa se hicieron más estrictos y comenzaron a entretejerse cada vez más rápido, sumados a los grandes descubrimientos geográficos que a continuación se constituyeron en un proceso de integración continental a un sistema económico mundial.

Nuevos productos, muchos de ellos importados de tierras recién descubiertas, enriquecieron la vida material europea y no sólo a nivel comercial sino que también la producción de bienes aumentó.

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Junto a estos cambios y en algunos casos estimulados por ellos, el período transcurrido desde 1914 marcó importantes cambios económicos y políticos, donde se vivieron cataclismos devastadores que fueron las dos guerras mundiales, las cuales llevaron a la vieja Europa, casi al borde de la destrucción.

Durante gran parte del período posterior a 1945, Europa siguió dividida entre Oriente y Occidente, donde solo esta última logró la unidad entre una serie de tendencias culturales de base, incluidos los nuevos estilos literarios y la difusión de la ciencia, que corrió por todo el continente.

Los estados europeos fueron cada vez más atrapados en la interacción diplomática, que culminó en el continente con los sistemas de alianza amplia que habían comenzado en 1871.

Al mismo tiempo, este fue un siglo de creciente nacionalismo, en la que los estados individuales se aferraron celosamente a su identidad y de hecho se establecieron controles fronterizos más rigurosos que nunca.

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Los avances en Europa del siglo XIX tuvieron su origen en dos grandes acontecimientos históricos, “La Revolución Francesa que estalló en 1789 y la Revolución Industrial”.

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