A caballo entre Europa y Asia, Turquía nos ofrece una embriagadora muestra de olores y sabores concentrados en mezquitas, barrios orientales típicos, jardines y sobre todo, el Bósforo y el Cuerno de Oro. Dicen del amanecer en el Bósforo que es uno de los más bellos y cautivadores del mundo: en las aguas del estrecho se reflejan los primeros rayos de sol mientras de fondo, desde las mezquitas salen los primeros cantos árabes dando los buenos días a cuantos por allí transitan. Y en breves minutos se pasa de la tranquilidad más absoluta; de la sensación de paz interior al bullicio de esta gran ciudad que es Estambul.
Si hay algún edificio emblemático en esta ciudad es, sin duda alguna, Santa Sofía, un santuario de estilo bizantino, ora mezquita, ora iglesia, ora museo. Es Santa Sofía la obra más sagrada e impresionante de este estilo de construcción. Esta gran obra maestra de la época bizantina fue construida en el año 537 como Iglesia. Durante casi 900 años lo fue, hasta que la conquista de Turquía la convirtió en mezquita durante otros 481 años, hasta que en 1935, Ataturk, fundador de la República Turca, la reformó convirtiéndola en lo que es hoy día: un museo.
Este colosal edificio se levanta sobre un inmenso prado verde, pero su gran belleza reposa en su interior, donde la calma que se respira nos permitirá disfrutar de su planta cuadrada cubierta por una gran cúpula central de 56 metros de altura y dos semicúpulas. Es Aya Sofía un hito en la historia de la arquitectura, pues ha sido la primera construcción que se ha realizado con base cuadrada, además de ser la cuarta superficie cubierta más grande del mundo, tras San Pablo en Londres, San Pedro del Vaticano y el Duomo de Milán. En su interior son dignos de admirar sus mosaicos hechos a base de vidrios de colores o transparentes sobre hojas de oro, con los que antiguamente, en la época bizantina, se representaban escenas bíblicas. Sus suelos totalmente cubiertos de alfombras orientales de distintas formas y colores, las impresionantes columnas que sostienen la cúpula, los labrados de las paredes y el ambiente que se respira, le dan ese toque casi místico que hacen de Aya Sofía el templo de la “Sabiduría Divina”. Y es que Aya Sofía (Santa Sofía) es uno de los tres títulos dedicados a Dios: Aya Sofía (Sabiduría Divina), Aya Irene ( quietud, paz) y Aya Dinamis (poder sagrado).



Me encantó el post. Está muy bien explicado, es muy completo, y la foto de Santa Sofía es preciosa.
Si Dios me lo permite, volveré otra vez allí, ya que mi corazón está dividido en dos. Aunque quisiera olvidarlo jamás prodía hacerlo por ser parte de mi vida, ya que allí vió la luz la mujer que me dio la vida y mis abuelos están enterrados en Intambul aunque nunca los conocí al morir mi madre cuando yo contaba tres años, por eso adoro aquella tierra,