Escrito por Tendenzias

Toulouse en 2 días: Convento de los Jacobinos, fotos e historia

El Couvent des JacobinesConvento de los Jacobinos– es una de las visitas obligatorias que hay que hacer en Toulouse. Un edificio que por fuera podría pasar desapercibido pero que en su interior uno no puede dejar de asombrarse. Si a esto le sumamos su historia, se convierte en una oportunidad excepcional para viajar en el tiempo y una visita imprescindible en tu ruta de Toulouse en 2 días. Sigue leyendo si quieres saber más acerca del convento de los Jacobinos, fotos e historia.

En el interior de esta iglesia se encuentran las reliquias de Santo Tomás de Aquino, aunque en realidad nunca estuvo en Toulouse estando vivo. Se dice que 200 años después de su muerte, el Papa buscó la iglesia dominica más bonita y decretó que sus reliquias estuviesen en esta iglesia. Sería en 1368 que los restos del santo serían trasladados a esta iglesia pero, debido al cierre del convento, se los llevaron a la Basílica de Saint Sernin hasta que en 1974 regresarían de nuevo.

Hoy día está considerada una iglesia laica, un edificio donde no se celebran misas y que está abierto al público. Únicamente se celebra misa durante una vez al año, momento en el que los monjes del monasterio de los dominicos celebran una misa el 28 de enero, celebrando el Santo Tomás de Aquino.

Convento de los Jacobinos, Toulouse

El Convento de los Jacobinos es una iglesia gótica del siglo XIII que, a pesar de formar parte de un estilo artístico concreto, resulta que su diseño es muy diferente al resto del gótico en Francia. Es tal la belleza de esta iglesia y su singularidad que está considerada una de las grandes obras del arte gótico del Languedoc.

Este convento tiene ventanas estrechas y alargadas, al igual que está construida al 100% en ladrillo, únicamente las gárgolas de la fachada exterior son de piedra. Tal y como hemos mencionado en anteriores artículos de la guía de Toulouse, las construcciones en ladrillo indicaban que no había grandes recursos económicos puesto que la piedra salía mucho más cara y el ladrillo se elaboraba allí mismo, con la arcilla de la ciudad. En este caso, también quedaría refutado al estar construida por una orden religiosa mendicante.

El exterior de la iglesia del Convento de los Jacobinos no resulta nada llamativa, uno podría pasar de largo y no detenerse si no sabe lo que realmente puede encontrar en su interior. Pero, cuando uno pasa la entrada, se encuentra ante un edificio de dimensiones altas con unas vidrieras que llenan de diferentes colores su interior.

De nuevo, al igual que en la Basílica de Saint Sernin, nos encontramos con unas paredes en las que no se ve ni se aprecia el ladrillo, completamente pintadas con frescos que imitan la piedra para que parezca más ostentosa.

Convento de los Jacobinos, Toulouse: Historia

Para poder conocer el origen y levantamiento de esta iglesia es importante conocer el contexto histórico en el que se desarrolla, pues será la pieza clave para poder mirarla con la atención que requiere.

Uno de los acontecimientos más importantes para el levantamiento de esta iglesia, la razón de su diseño y su dogma fue el catarismo. El catarismo, religión de los cátaros, llegó a ser considerada como una herejía que, en cierta forma, estaba basada en el dogma cristiano que se desarrolló en los siglos XI y XII en Languedoc, una región de Occitanaia en el sur de Francia.

Esta religión se asentó en las ciudades, mientras que en los pueblos se asentaban los cristianos de la orden benedictina. Más allá de las diferencias en cómo interpretaban el cristianismo, también es reseñable conocer que los cátaros hablaban occitano (lengua que hoy día se intenta recuperar y mantener en Toulouse) mientras que los benedictinos hablaban en latín.

Para comprender un poco más el conflicto entre ambas y el por qué del diseño de esta iglesia, para los cátaros todo lo que hay en la tierra- incluido el cuerpo- es el resultado del diablo, y todo lo que hay en la cabeza es el resultado de Dios. Esta interpretación, junto con algunas otras que vamos a ir desarrollando poco a poco, era insoportable para el Papa y las órdenes religiosas tradicionales.

Al principio del siglo XIII llegó Domingo de Guzmán para luchar contra el catarismo y predicar la buena religión católica. En un primer momento, le dieron un terreno para construir una primera casa y diez años más tarde crearía la orden de los dominicos. Después, se le dio un trocito más grande y se construyó está iglesia.

El catarismo decía que la iglesia era demasiado rica, por lo que Domingo de Guzmán construyó una iglesia pequeña únicamente de ladrillo, con muy poca decoración en su interior y con techos de madera. De esta manera, se colocaban en la misma línea de pobreza y austeridad que defendían los cátaros.

Cuando antes decíamos que era una nave que estaba dividida únicamente en dos, su diseño ideó para poder predicar bien puesto que una buena predicación se basaba en el saber comunicarse, en poder llegar a todo el mundo y, para ello, es necesario una nave única.

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A su vez, los cátaros no creían que Cristo hubiese sido crucificado para limpiar los pecados del ser humano, que estaría representado en las iglesias con una base de cruza latina, y en esta iglesia nos encontramos con una iglesia alargada que no tiene ese diseño de cruz, por lo que se interpreta que sería una manera de limar esa diferencia.

No fue hasta finales del siglo XIII cuando construirían la bóveda y los ábsides. En esta iglesia podréis ver la famosa palmera de Toulouse que es uno de los pilares que sostiene el coro poligonal. Se conoce como palmera por las 22 nervaduras que sostienen la bóveda, a diferencia del resto de pilares que no tienen tantas ramificaciones.

En la Edad Media esta iglesia era utilizada como monasterio y se utilizaban unas cortinas para dividir ambos espacios, uno que estaba dedicado a los fieles y el que estaba destinado a los monjes.

Con la revolución francesa el convento fue clausurado y en la época de Napoleón fue un edificio usado por el ejército. Se llenó todo el interior de paja para poder introducir a los caballos y se construyó un primer piso para que pudiesen dormir los militares. Para mantener en condiciones los frescos y proteger la iglesia, se protegieron las paredes con una especie de pintura blanca protectora y, en la restauración de la misma, al retirar dicha pintura se descubrieron los frescos que hoy podemos ver en perfectas condiciones.

Eso sí, uno de los daños que sufrió la iglesia en ese momento fue que los cristales quedaron completamente dañados al construir el primer piso. Hoy día, las vidrieras que se pueden ver son un diseño actual. Si os fijáis, las vidrieras que dan al norte tienen unos colores fríos (tonos azules) mientras que los cristales que dan al sur tienen unos colores cálidos. Al atardecer, que es cuando nosotros lo visitamos, la iglesia tenía unos tonos rojizos preciosos.

Para terminar la historia que hemos iniciado antes sobre el catarismo en Toulouse, la predicación de los dominicos funcionó, aunque la mayoría no cambio de religión. Dicen que cuando el Papa Inocencio III se cansó, pidió ayuda al rey de Francia Felipe Augusto, quien no estaba interesado en hacer la guerra contra los cátaros porque estaba a otras guerras pero no podía rechazar la ayuda que le pedían, por lo que él no fue a Toulouse pero mandó un ejército a luchar contra los cántaros. Es la Cruzada Albigense, la única cruzada que cristianos mataron a cristianos, fue una guerra que se llevó a cabo durante 20 años y en la que el ejército había sido enviado a matar a los cátaros. Cuentan que los oficiales preguntaron cómo diferenciar a los cristianos de los cátaros y que el abad cisterciense Arnaud Amaury le contestó “Matadlos a todos, Dios reconocerá sus almas”.

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Para Toulouse no sólo supuso la muerte de muchos habitantes, también fue la pérdida de territorio y, con ello, se fue perdiendo la cultura del Languedoc y el occitano.

Y, para que dejaran de presionar a Toulouse y sus habitantes, el conde Raimundo VII tuvo que firmar el Tratado de París (1929) con el que apoyaba la creación de una universidad dirigida por los dominicos, quienes se encargarían de combatir y disolver la herejía del catarismo. Hoy día es una de las universidades más antiguas, con ocho siglos de historia.

Convento de los Jacobinos: Claustro

La construcción del claustro que hoy día se puede visitar es una construcción que se encuentra al norte de la iglesia y que obligó a deshacer el anterior. Las obras comenzarían sobre el año 1300.

Tras la visita a la iglesia se puede pasar al claustro. Se dice que con el paso del tiempo el claustro fue perdiendo su belleza porque, al estar descuidado, los propios lugareños robaron las columnas para colocarlas en sus hogares. Hoy día, cuentan que un tolosano decidió recuperar una a una las columnas del claustro para devolverle su auténtica belleza y así es como hoy podemos encontrar un espacio completamente cuidado.

Una de las zonas más bonitas de este claustro es la sala capitular, donde se reunían los monjes para organizar el día a día y se cree que en la Edad Media llegaron a habitar este lugar hasta 100 monjes. Su diseño es muy sencillo pero con colores llamativos e intensos (rojos, amarillos, azules…) y esto es destacable porque no era habitual su uso.

Después de leer todo esto uno se queda con la pregunta ¿Por qué se llama Conventos Jacobinos si el fundador fue un dominico, Santo Domingo de Guzmán, y en su interior estaba Santo Tomás de Aquino? La razón la encontramos en la similitud de esta iglesia con la edificada por los dominicos en la ciudad de París, concretamente en la calle de Saint Jacques que es la que también dio nombre a esta iglesia.

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